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Me vaticinan la obtención del premio María Moors Cabot y un próximo viaje a los Estados Unidos

LXXXIV

Veintiún años habían transcurrido desde que Madame Michaud me había pronosticado mi primer viaje a la tierra del Tío Sam. Padecía el país la tensión de la lucha presidencial, y una mañana se reunieron en mi estudio varias personas alrededor de un quiromántico árabe que estaba de paso por Santiago. Este, después de concentrarse, empezó a hablar en esta forma:

- Ibáñez será por segunda vez Presidente de Chile... (corría el mes de junio del año 1952. Aunque yo no soy profeta, después de haber hecho una encuesta entre choferes de taxi, suplementeros y dueñas de casa había vaticinado lo mismo). El comunismo empezará a desintegrarse el año 1955. Las fuerzas espirituales derrotarán al materialismo... El espíritu de un marciano que ha encarnado en la tierra, será, como quien dice, la punta de lanza enviada por los adelantados habitantes de Marte para preparar la invasión de nuestro planeta... La humanidad se unirá entonces en un solo frente para defenderse... (la idea se la regalo a Orson Welles para que realice una película de gran actualidad internacional e interplanetaria) Veo a "Coke" sobre un proscenio..., va cubierto con una capa negra y tocado con birrete; es una extraña ceremonia que ocurre en un lejano país...

Pensaba, para mis adentros, que el "turco" estaba desvariando. Cuál no sería mi impresión cuando, meses después, el día 9 de octubre de 1952, me encontraba en el proscenio del salón de actos de la Universidad de Columbia, vestido como se me había profetizado y recibiendo el galardón del que no por vanidad me siento orgulloso, sino por el pequeño aporte de gloria que significó para todos los dibujantes chilenos.

Esa noche fuimos a comer al restaurante francés "Bistro". Nos había invitado nuestro querido amigo embajador de Chile en Washington, Félix Nieto del Río, que había hecho un viaje especial a Nueva York para acompañarnos durante la ceremonia. Estaban ahí también Hernán Santa Cruz, embajador delegado a la NU, y Carlos Reyes Corona, nuestro inteligente Agregado de Prensa. De regreso, por la 3ª Avenida, a la altura de la calle 51, ocurrió un hecho por demás insólito y que es revelador del cambio que se ha operado en la masa norteamericana con respecto a los extranjeros. Veníamos, el grupo de chilenos mencionados, charlando, cuando una mujer que esperaba bus en una esquina se nos abalanzó, y después de propinarle a Hernán Santa Cruz algunos golpes con un maletín, nos gritó, por supuesto, en inglés:

-¡Qué se han imaginado estos extranjeros, "hijos de la playa"! (la palabra bitch es "tabú" en inglés). ¡No pagan impuestos y nosotros echamos el kilo para socorrerlos!

Un policía intervino; pero Santa Cruz le dijo:

- No la lleve. Es una pobre loca.

Sin embargo, yo creo que el caso tenía mucho más trascendencia de lo que a primera vista parecía una escena trivial. En viajes anteriores yo había observado con satisfacción la cortesía y hospitalidad demostradas por los norteamericanos hacia los extranjeros. Recordaba, por ejemplo, cuando en un subway varias personas se cambiaron de asiento para que yo pudiera sentarme junto a mi mujer. Esto mismo me había ocurrido en otros sitios, como ser fuentes de soda y restaurantes.

Y fue ésa la última vez que estuvimos en "ese" mundo con Félix Nieto del Río.