Veintiún años habían transcurrido desde que Madame Michaud me había
pronosticado mi primer viaje a la tierra del Tío Sam. Padecía el país la
tensión de la lucha presidencial, y una mañana se reunieron en mi estudio
varias personas alrededor de un quiromántico árabe que estaba de paso por
Santiago. Este, después de concentrarse, empezó a hablar en esta forma:
- Ibáñez será por segunda vez Presidente de Chile... (corría el mes de junio
del año 1952. Aunque yo no soy profeta, después de haber hecho una encuesta
entre choferes de taxi, suplementeros y dueñas de casa había vaticinado lo
mismo). El comunismo empezará a desintegrarse el año 1955. Las fuerzas
espirituales derrotarán al materialismo... El espíritu de un marciano que ha
encarnado en la tierra, será, como quien dice, la punta de lanza enviada por
los adelantados habitantes de Marte para preparar la invasión de nuestro
planeta... La humanidad se unirá entonces en un solo frente para defenderse...
(la idea se la regalo a Orson Welles para que realice una película de gran
actualidad internacional e interplanetaria) Veo a "Coke" sobre un proscenio...,
va cubierto con una capa negra y tocado con birrete; es una extraña ceremonia
que ocurre en un lejano país...
Pensaba, para mis adentros, que el "turco" estaba desvariando. Cuál no sería mi
impresión cuando, meses después, el día 9 de octubre de 1952, me encontraba en
el proscenio del salón de actos de la Universidad de Columbia, vestido como se
me había profetizado y recibiendo el galardón del que no por vanidad me siento
orgulloso, sino por el pequeño aporte de gloria que significó para todos los
dibujantes chilenos.
Esa noche fuimos a comer al restaurante francés "Bistro". Nos había invitado
nuestro querido amigo embajador de Chile en Washington, Félix Nieto del Río,
que había hecho un viaje especial a Nueva York para acompañarnos durante la
ceremonia. Estaban ahí también Hernán Santa Cruz, embajador delegado a la NU, y
Carlos Reyes Corona, nuestro inteligente Agregado de Prensa. De regreso, por la
3ª Avenida, a la altura de la calle 51, ocurrió un hecho por demás insólito y
que es revelador del cambio que se ha operado en la masa norteamericana con
respecto a los extranjeros. Veníamos, el grupo de chilenos mencionados,
charlando, cuando una mujer que esperaba bus en una esquina se nos abalanzó, y
después de propinarle a Hernán Santa Cruz algunos golpes con un maletín, nos
gritó, por supuesto, en inglés:
-¡Qué se han imaginado estos extranjeros, "hijos de la playa"! (la palabra
bitch
es "tabú" en inglés). ¡No pagan impuestos y nosotros echamos el kilo para
socorrerlos!
Un policía intervino; pero Santa Cruz le dijo:
- No la lleve. Es una pobre loca.
Sin embargo, yo creo que el caso tenía mucho más trascendencia de lo que a
primera vista parecía una escena trivial. En viajes anteriores yo había
observado con satisfacción la cortesía y hospitalidad demostradas por los
norteamericanos hacia los extranjeros. Recordaba, por ejemplo, cuando en un
subway
varias personas se cambiaron de asiento para que yo pudiera sentarme junto a
mi mujer. Esto mismo me había ocurrido en otros sitios, como ser fuentes de
soda y restaurantes.
Y fue ésa la última vez que estuvimos en "ese" mundo con Félix Nieto del Río.