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Unas diez personas sentadas alrededor de la mesa redonda del comedor, entre
ellas mi hermano Alfredo, contemplábamos a media luz a la dueña de casa, María
P. Mc. de V., quien después de rezar un Padre Nuestro y un Avemaría, había
caído en profundo trance. Exhaló algunos angustiados suspiros, se incorporó y
con voz gruesa se dirigió a nosotros en la forma siguiente:
- Buenas tardes, hermanos míos.
Mi vecino, hermano de María, me dijo que el espíritu de don Crescente Errázuriz
se había incorporado a la médium.
Era notable la seguridad con que las palabras fluían de la boca de la señora
María P. Yo, que había llevado un grabador de cinta magnética, pude captar
parte de la sesión que más adelante transcribo:
UN ASISTENTE.
-¿Podría hablarnos sobre la división de los conservadores?
(Era el tema candente de ese momento en que don Horacio Walker, con increíble
pertinacia, había debilitado una de las fuerzas más respetables de la política
chilena.)
DON CRESCENTE. -
Les agradecería no perdiéramos esta oportunidad de hablar con ustedes en
comentar algo que se desaviene con los altos intereses de la fe. No tratemos
temas ajenos a Dios. Procuremos penetrar en los misterios más hondos de la
vida, acercarnos al Creador y hacernos dignos de él. Para ello nada significa
lo que nos separa en la vida. Nos alejan de su reino la pasión, el odio, las
luchas entre hermanos. Sólo nos une la fe verdadera, que está escrita en los
mandamientos. Todos ellos tienden a un solo objetivo que los resume: "Amar a
Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo".
Yo les preguntaría: ¿Han pensado los cristianos, los católicos, el prelado, en
la necesidad de insistir ahora más que nunca en estas santas palabras? Ven en
los mandamientos sólo pecados y no observan que el odio al prójimo es lo único
que Dios condena en todas sus formas.
La humanidad, al alejarse de Dios en busca de satisfacciones materiales, ha
caído en el odio, que es lo que más aparta del cielo, que es todo amor. Se
juzga a Dios injusto, se le atribuye la causa de cuanto ocurre. La humanidad
está formada por una gama social que va desde el desvalido al poderoso, desde
la miseria que sufren los infelices hasta la opulencia de los favorecidos por
la fortuna.
Entre los miserables heridos por el hambre y las injusticias nace el odio hacia
los que hacen ostentación de su riqueza. Creen en un reparto injusto y se
revuelven contra la sociedad y contra Dios.
Entre los opulentos nace también el odio contra los que reclaman justicia
humana y les piden algo que ellos creen les pertenece: la renuncia a parte de
sus utilidades en provecho de los que con ellos trabajan y carecen de lo
suficiente.
Ambos creen tener a Dios de su parte, y Dios condena a ambos, porque olvidan su
doctrina de amor y la tornan en odio.
Sobre esta condena hay algo que decir: no existe un tribunal como el
establecido por los hombres. Dios no condena ni absuelve. Es demasiado amante
de sus hijos para condenarlos.
La gloria de Dios es la posesión de todos los bienes espirituales, de la
infinita paz, del Bien infinito, de la Gracia del cielo.
Elocuente sermón que trasciende el campo de la política y que no parecía ser
fruto de la improvisación de la débil señora que momentos antes había orado con
voz desmayada el Padre Nuestro.
Debo advertir que la médium es sobrina de uno de los oradores más notables que
pasaron por el Senado de Chile. La teoría que yo sostuve, después de la sesión,
es que María oculta en algún repliegue de su mente parte de la elocuencia
heredada de su tío y que, al caer en la inconsciencia del llamado trance,
afloraba de su subconsciencia la capacidad oratoria que tanto nos había
impresionado durante la sesión.
- Pero yo no he tenido ningún tío dibujante - me objetó ella, y ya verá usted
los dibujos que he hecho a obscuras. Vean - y empezó a mostrarnos una serie de
extrañas láminas diseñadas con lápiz y que al pie llevan la firma "Baro".
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Algunos de los extraños dibujos hechos por la médium; hay en ellos algo
extraterreno.
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Examiné los dibujos y me parecieron fascinantes. Hay algo extraterrenal en el
estilo y en los modelos, como podrá comprobarse en las reproducciones que
ilustran estas páginas. "Baro", el autor, también ha dictado su biografía; pero
no debió ser un dibujante de fama, ya que su nombre no aparece en ninguna
enciclopedia de pintura.
En otra sesión, "don Crescente" nos prometió hacernos, en especial a mi hermano
Alfredo, una experiencia que pondría fin a nuestro escepticismo. Pasaron las
semanas y "don Crescente no daba señales de vida".
Llegó el aniversario del cumpleaños de mi hermano, y su comedor se hizo
estrecho para contener esa noche a los que habíamos ido a congratularlo. La
charla de sus hijos era alegre, bulliciosa y nadie se acordaba de don
Crescente. Mas, en uno de esos momentos en que todos callan y en que se dice:
"Un ángel pasó", Alfredo sorprendió a sus comensales con la siguiente
invocación:
- Si está aquí el espíritu de don Crescente, le ruego humildemente cumplir con
su promesa y hacernos la manifestación que hace tiempo nos ofreció. Yo, por
decir algo, porque la verdad es que no había tomado tan en serio como Alfredo
la promesa de monseñor, continué la invocación así:
- Podía apagar algunas luces...
Junto con pronunciar la última palabra, una de las palanquitas del interruptor
eléctrico se movió, apagando la mitad de las luces de la lámpara. Se produjo un
silencio angustioso, y mi cuñada, la anfitriona, se levantó muy pálida y
accionó el interruptor, volviendo a encender las luces. El finado Lucio Concha,
cuñado de Alfredo, exclamó:
-¡Este es un truco de Coke!
Pero yo, que no había hecho ningún preparativo ad hoc, era el más sorprendido.
Alfredo, como buen ingeniero, dijo que en diez años que habitaba esa casa jamás
había ocurrido algo semejante y que era demasiado exigirle a la ley de
probabilidades que, en el instante preciso, se hubiera provocado un accidente
de carácter mecánico en el conmutador. Además, de haberse producido un corto
circuito, se habrían apagado todas las luces de la lámpara.
Debo reconocer que el hecho me dejó desconcertado, porque a nadie le fue
posible explicarlo en forma racional.
Muchos experimentos de este género me ha tocado presenciar; fenómenos
extrafísicos que me recuerdan la frase de Shakespeare
: "Hay misterios en el cielo y en la tierra que el hombre jamás podrá
explicarse"
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