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Con Hitchcock, el rey del suspenso, en un bote salvavidas

LXXVI

En los doce años que habían transcurrido desde nuestro primer viaje, encontré muchas caras nuevas en los estudios cinematográficos. Los recorrí, acompañado por un amable funcionario del Departamento de Publicidad, y en cada uno tomé apuntes de los artistas que me parecían más populares. Los originales de estos dibujos los doné a una institución benéfica relacionada con los hospitales de guerra.

En Twentieth Century , Alfred Hitchcock estaba dirigiendo " Life-Boat " (" El Bote Salvavidas "). Manifesté mis deseos de visitarlo; pero me respondieron que el famoso director había prohibido la entrada de visitantes en su set. Tanto insistí, que por fin, después del permiso especial otorgado por un alto jefe, fui introducido en el recinto en que el "rey del suspenso" rodaba su película. Cuando entramos en el set, pude ver un bote que se mantenía como a dos metros de altura, apoyado en una pilastra de acero como las usadas en los garajes para elevar los automóviles.

Dentro del bote iban siete náufragos, entre los que reconocí a Tallulah Bankhead, William Bendix y Ann Baxter. En una gran pantalla transparente, colocada al fondo, se proyectaba un paisaje marítimo. Los artistas estaban maquillados en forma tan apropiada, que sus rostros, calcinados por dos semanas de sol en alta mar, mostraban los estragos de la irradiación solar. El cutis, simulado con colodión, se les desprendía en forma de virutas.

Hitchcock daba en voz baja sus últimas instrucciones. Cuando se ordenó "rodar" la escena, la cámara se fue aproximando al bote con su carga de extenuados náufragos. Todo iba saliendo a la perfección; mas, poco antes de terminar, el funcionario que me acompañaba pisó por accidente un cable eléctrico, produciendo un ruido que malogró la "toma".

Hitchcock miró severamente hacia donde nos encontrábamos; y haciéndome responsable a mí del desaguisado, mandó a su asistente con la orden de que saliera. Mi acompañante, muy azorado, se apersonó al director. Escuché cuando le decía que él había sido el culpable de la interrupción de la escena y que yo era invitado del Departamento de Estado y director también de películas en Sudamérica. El caso es que me permitió permanecer en el set y presenciar nuevamente el "rodaje" de la escena. Una vez terminada ésta, le fui presentado a Hitchcock, quien todavía me miró con cierto rencor.

-¡Lamento muy sinceramente lo ocurrido, señor Hitchcock! - le dije, a manera de explicación; pero cuando me impuse de que estaba filmando, insistí en visitar su set, pues regreso de un momento a otro a Chile, y no me conformaba con la idea de no conocer personalmente al director que más admiro; porque ha de saber usted que cuando quiero lograr una buena toma, me digo: `¿Cómo la habría hecho Hitchcock?"

Desde ese momento las cosas cambiaron. ¡La muralla de hielo que nos separaba se había derretido!

Aquí aparece Hitchcock acompañado de Tito Davison, mi hijo y yo. Está dibujando su autocaricatura en una página del guión de "Life-Boat".

Después me facilitó su "guión", y con sorpresa vi que cada escena estaba dibujada por el propio Hitchcock. Yo procedo siempre en la misma forma; pero en Santiago, algunos colegas se burlaban de este "procedimiento", que ellos consideraban una "chifladura".

Autocaricatura que me obsequió el gran director, quien, como se ve, es también un gran caricaturista.

Todo el mundo sabe que Hitchcock tiene la costumbre de aparecer una vez en cada una de sus películas. Ya es el peatón confundido entre la multitud de una calle; ora un músico que baja, junto con otros pasajeros, de un tren, o el cliente de un bar. Esta, más que una costumbre, la creo yo una superstición del talentoso director británico. Al imponerme de que en esta película se proponía mostrar las peripecias sufridas por siete náufragos sobrevivientes de un torpedamiento, le pregunté cómo se las iba a arreglar para introducirse en el bote. Porque de acuerdo con el argumento, sólo podrían aparecer siete personajes. Los pequeños ojos de Hitchcock, incrustados en la bola de carne de su rostro, brillaron con un destello de picardía.

-¿Sabe usted lo que hice? - y mostrándome una hoja de diario maltratada, me la puso frente a mis ojos. Se supone – continuó - que uno de los náufragos llevaba este diario en el bolsillo en el momento del desastre. El fogonero (Bendix) había librado una baraja de naipes. Para matar el tiempo, mis personajes juegan una partida de póquer. En el diario, sobre el cual echan las cartas, puede usted ver la respuesta a su pregunta.

Observé el trozo de periódico, y vi que en la parte más visible aparecía el anuncio de un medicamento para adelgazar. El aviso estaba ilustrado con la fotografía de un individuo muy gordo, en cuyo pie se leía: "Antes de usarlo". Al lado, el mismo sujeto, pero con varios kilos de menos, decía: "Después de usarlo". Eran dos fotografías del propio Hitchcock. Así el simpático gordo había podido viajar de "pavo", junto con sus actores. en " El Bote Salvavidas ".