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EL año 1935, vale decir dos años después de fundado "Topaze", un impulso
incontenible por aprovechar mis conocimientos acumulados en Hollywood me instó
a producir "Norte y Sur". Jorge Sanhueza convenció a su amigo don Osvaldo
Martínez, presidente de la Caja de Crédito Minero, de que nos financiara la
película, cuyo argumento debería estar relacionado con la minería.
Como en mi primera aventura, cuando filmé "Juro no Volver a Amar", en que tuve
que fabricar una cámara cinematográfica, ahora me encontré con el problema de
construir nada menos que un equipo sonoro.
Gracias a la pericia de los ingenieros Spencer y Vivado, conté con los
complicados aparatos para fotografiar el sonido, que para su época eran
excelentes.
Arrendé un enorme local en la Alameda, que había servido en otros tiempos de
salón de patinar, y empecé a levantar los sets requeridos por el argumento.
Contraté a nuestra primer actor Alejandro Flores, quien tuvo por partenaire a
Hilda Sour. Cuando intentamos filmar la primera escena, nos dimos cuenta que el
ruido del tránsito hacía imposible su realización. Resolvimos entonces filmar
en la noche, de doce a siete de la mañana, horas en que en aquella época cesaba
casi por completo el bullicio en la Alameda.
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Alejandro Flores e Hilda Sour llegando a la mina "La Olvidada", hecha de
cartón...
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Esto vino a desquiciar el trabajo de "Topaze". No podía yo pasar toda la noche
filmando y continuar al día siguiente trabajando para la revista. A pesar de
que mi salario como director, productor, autor, etc., era de mil pesos
mensuales, resolví cerrar la revista durante el tiempo que tomara el rodaje de "
Norte y Sur
". Era la primera película "hablada" de largo metraje filmada en América
del Sur, y me serviría para echar las bases esa industria en nuestro país,
realizando así mi sueño por tantos años acariciado.
Pero el trabajo nocturno también tuvo sus inconvenientes imprevisibles. Junto
al
Studio
había un criadero de aves. Al encender los reflectores usados para la
filmación, la luz se filtraba, iluminando el gallinero. Los gallos, creyendo
que eran los rayos solares del nuevo día, empezaban a cantar con estridente
entusiasmo. Por supuesto que sus cantos eran captados por el micrófono. Esto me
decidió a comprar el criadero y durante un mes estuvimos alimentándonos noche a
noche con cazuela de ave.
Para las escenas en que aparecían mineros, contraté muchos "extras" que
trabajaban afanosamente, a medio cuerpo desnudo, en los socavones y piques de
cartón que les había construido en el ex salón de patinar. Entre ellos me llamó
la atención uno que lucía gran cantidad de tatuajes. Como en una ocasión
hablara en inglés, le pregunté si había sido marinero. No fue mucha gracia
adivinarlo, y muy pronto fuimos amigos. Una noche, durante un
setup
, o cambio de escena, el hombre me entretuvo con un curioso relato que tuvo su
origen cuando yo hice alusión al asalto que algunos marineros del "O'Higgins"
perpetraron en una joyería de Newcastle, en Inglaterra.
- Hace de eso tantos años - me dijo el ex "managuá", que no me avergüenzo
de contarle que fui yo uno de los asaltantes. Fraguamos "una gracia", pero no
fue el robo lo que nos indujo a ello, sino el aliciente "deportivo" de asaltar
un establecimiento que se vanagloriaba de contar con el primer sistema
eléctrico de alarma contra ladrones. Varios días estuvimos planeando la manera
de silenciar los timbres.
"Por supuesto que habíamos hecho varias visitas al establecimiento y conocíamos
su "topografía". Decidimos dividirnos en tres grupos. El primero se encargaría
del sistema eléctrico; el segundo, de distraer a la policía y dependientes de
la joyería, y el tercero, de extraer las joyas de una vitrina, la más protegida
por el sistema de alarma. ¡Era excitante el asunto!, ¿no le parece? ¡Tenía,
como dicen los gringos, el incentivo del
thrill
!
"El grupo de los electricistas había descubierto una pequeña abertura que daba
acceso al lugar en donde estaba la instalación eléctrica. Uno de los
complotados llevó un gato oculto y lo deslizó por el agujero. El animalito, al
caminar sobre los alambres, hizo funcionar los timbres. Los joyeros se pusieron
en alarma; pero al encontrar al causante del desaguisado, se tranquilizaron,
pues vieron que el supuesto ladrón era un inocente micifuz.
"En ese momento, el segundo grupo organizó una reyerta a cuchillo en la calle,
frente a la joyería. Este hecho causó alarma y la policía y dependientes de la
joyería se distrajeron en separar a los contrincantes. Sincronizados con la
acción de este grupo, entramos dos en el interior de la joyería y desvalijamos
una vitrina, con cuyo valioso contenido llenamos nuestros bolsillos.
"El asalto resultó perfecto en todos los detalles; pero no tardó en saberse que
unos marineros habían estado dentro del establecimiento a la hora del robo. Nos
atrincaron con un sumario, pero no largamos la pepa. Las joyas ya habían sido
ocultadas en un obscuro escondrijo de nuestro barco y nunca más fueron
encontradas. Por lo menos, así me lo aseguraron los cómplices. Yo no toqué
parte del botín.
Y éste fue el extraordinario relato de un minero que buscaba vetas de oro en
una mina de cartón.
"Escándalo"
Me había asociado con Emilio Taulis, experimentado técnico cinematográfico,
para producir una película cuyo argumento había escrito en una noche de
insomnio. En la primera escena debía aparecer yo mismo, en mi calidad de
director, efectuando por teléfono el reparto de los papeles. Cuando ya nadie se
acordaba de estos preparativos y el drama llegaba a su clímax, el público
volvía a la realidad: era una película "pirandelliana" la que se había estado
rodando.
* * *
-¿Por qué no escribe un libro con estas historias? me preguntó una amiga que,
durante una sobremesa, había escuchado con interés algunos de los extraños
episodios que me ha tocado vivir.
- Son tantos - le respondí, y algunos tan increíbles, que temo que fueran
apreciados como productos de mi fantasía. ¿Habrá alguien que no ponga en duda
la historia de un ánima que intervino en la filmación de "Escándalo"? ¡Y allí
está la hermosa Gloria Lynch, protagonista de aquella película, para que me
desmienta!
-¡Cuéntenos lo que ocurrió! - dijeron varias voces.
-"Escándalo" requería varios escenarios; pero, como no tenía dinero para
construir sets, arrendé una vieja casa que había sido la
garçonnière
de unos alegres y distinguidos tarambanas del siglo pasado y que en ese
momento servía de bodega de manzanas.
Con el objeto de acondicionar acústicamente las habitaciones, era necesario
cubrir las murallas con grandes cantidades de género esponjado. ¿Dónde
obtenerlo? Taulis encontró la solución. Había heredado de su padre un hotel
para tuberculosos en "Melocotón". Desalojó a los enfermos y cubrió las paredes
de nuestros auténticos sets con las frazadas de las camas que habían ocupado
los enfermos. Por supuesto que nadie supo el origen de tales frazadas. Pero
cada vez que Gloria Lynch tosía, yo miraba a Taulis con alarma. Menos mal que
nadie demostró síntomas de tuberculosis durante la filmación ni después de
terminada la película.
Cuando la casa estuvo convertida en Estudio Cinematográfico y empecé a trabar
amistad con el vecindario, una señora me dijo misteriosamente
-Tendrá que cuidarse del ánima que pena en esta casa, señor.
-¿Anima? ¡Si supiera usted, señora, cómo tengo de preocupaciones con los vivos!
- le respondí.
- No lo tome a la broma - continuó mi vieja vecina. Ha de saber que hace muchos
años, cuando ésta era la casa de campo de la familia X, uno de los jóvenes
patrones raptó a una hermosa niña, la que antes de ser deshonrada prefirió
suicidarse. De ella es el ánima que pena en esta casa.
Empezó el rodaje de "Escándalo", y todo iba saliendo a pedir de boca. Las
antiguas caballerizas se habían convertido en laboratorio. Mi hermano Guayo nos
había construido, en su garaje de la calle Almirante Barroso, una espléndida
máquina reveladora automática, que fue la primera usada en Chile. El gran hall,
cubierto por una claraboya de vidrios, se convertiría en sala de redacción de
un supuesto diario. Las galerías de vidrio, que rodeaban la parte posterior, se
convirtieron en las de una clínica. Para lograr este efecto, hice empavonar los
vidrios y pintar las murallas con pintura blanca. Recuerdo que cuando se filmó
la escena de la clínica, todos estuvieron de acuerdo en que el ambiente estaba
perfectamente logrado. Tanto es así que electricistas, técnicos y artistas
conversaban a media voz, como si hubiera enfermos graves. Gloria Lynch me dijo:
-¿Cómo has logrado este efecto? Cada vez que vengo a este escenario siento un
extraño malestar, como si estuviera realmente enferma.
Taulis se alarmó, pensando que las frazadas del hospital de "Melocotón"
empezaban a transmitir su contagio. Después de tomar las escenas de la clínica,
en que se simulaba efectuar una transfusión de sangre a Gloria, le revelé el
secreto: días antes de filmar esta escena había derramado algunas gotas de
cloroformo en la alfombra, y el olor apenas perceptible del anestésico era el
que contribuía a provocar el clima deseado.
Jamás había recordado al ánima que penaba en la vieja casa, y ella tampoco se
había hecho presente. Pero un día, a la hora del almuerzo y estando todo el
personal sentado a una larga mesa, a la sombra de los añosos árboles del
parque, se sintió el estrépito producido por la quebrazón de cientos de
vidrios. Nos pusimos todos de pie y yo fui el primero en correr al interior de
la casa. A juzgar por el ruido, lo menos que podía haber ocurrido era que se
hubiera derrumbado la claraboya. Recorrimos la casa y todo estaba en su lugar.
No se había roto un solo vidrio. Entonces recordé lo que la vecina había dicho
del ánima en pena. "¡Siempre que no me estropee una escena, que siga penando!",
me dije.
Algunos días después fue menester construir algunos metros de pirca para que
Gloria asentara sus lindas posaderas en la piedra y cantara la canción "
Caminito
", que le había compuesto el maestro Martínez Serrano. Para el prolongado
estudio de los diversos focos una "doble" había ocupado el sitio en que debía
situarse Gloria sobre la pirca.
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Gloria Lynch y Mario Gaete en la pirca que los espíritus derrumbaron dos veces.
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Cuando las luces y el equipo sonoro estuvieron listos para el
play back
, llamé a Gloria, que estaba más linda que nunca bajo un amplio sombrero de
paja de Italia. En el momento preciso que tomó su puesto, la pirca de piedra
empezó a estremecerse como si hubiera querido sacudirse de su preciosa carga.
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Por falta de dinero no pude contratar un fotógrafo que tomara las fotografías
usadas para la publicidad de "Escándalo". Las escenas principales debieron ser
dibujadas por mí. En ésta aparecen Carlos Justiniano rodeado de Gloria Lynch,
Mario Gaete, Enrique Torres, Mirella Latorre, Balbina de Reed y Patricio
Kaulen, intérpretes principales de dicha película.
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Gloria saltó aterrorizada, y ante los ojos sorprendidos de todos los que allí
estábamos, la pirca se fue desintegrando hasta quedar totalmente demolida. El
hecho no dejó de causarnos extrañeza; pero lo atribuimos a la forma deficiente
como la pirca había sido construida.
Llamé al albañil y le ordené que la rehiciera, pues al día siguiente debía
terminar esa escena. Al otro día, ya con verdadero espanto de los presentes,
volvió a repetirse el fenómeno. Trabajo me costó para que Gloria se subiera por
tercera vez a la pirca, que debió ser construida de una sola pieza. Después de
estos extraños hechos, supe que el cuidador nocturno de la casa también había
sentido golpes en la pieza en que dormía y que, apenas abandonábamos el
"estudio"..., él también se iba a pasar la noche a una casa vecina, porque el
ánima de la niña que se suicidó antes de permitir su deshonra no lo dejaba
dormir.
Fue para mí una gran satisfacción saber que la Enciclopedia Espasa, en su
última edición, se refirió a "Escándalo".
1940 - "La Chica del Crillon"
Como se ha visto, las dificultades que tenía que vencer durante el rodaje de
mis películas se debían a la falta de medios con que contaba para realizarlas.
Me asocié con Jorge Spencer, excelente "ingeniero de sonido". Entre ambos
habíamos obtenido un préstamo de cuatrocientos mil pesos; ¡de los del año
1939!, que nos permitirían trabajar sin angustias ni interrupciones. Resolvimos
inaugurar nuestro Estudio Santa Elena con "
La Chica del Crillon
", como un homenaje a don Joaquín Edwards Bello.
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La hermosa Beverly Bush encarnando a "La Chica del Crillon" en sus buenos
tiempos.
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Para la filmación de esta película contábamos con equipos fotográficos y de
grabación de primer orden.
Después de breve discusión firmamos un contrató en que al autor del libro se le
pagaría el doble de la cantidad que nos cobraba, a condición de revisar la
adaptación al cine que yo haría de su novela.
Uno de los escenarios más costosos que debíamos construir sería la reproducción
de la planta baja del Hotel Crillon.
Los escenógrafos, basándose en fotografías, empezaron a construir una réplica
de las principales dependencias del establecimiento que le daba el nombre a la
novela.
Otro escenario, el que serviría como dormitorio de la propietaria del
prostíbulo, y que era la antigua amante del padre de Teresa, me dio mucho
trabajo para "vestirlo". Tenía fotografiado en mi memoria el dormitorio de la
María Luisa, atiborrado de cachivaches, cuadros y chucherías inverosímiles, y
traté de reproducirlo con la mayor fidelidad.
Mientras tanto yo había escrito el guión cinematográfico; pero me fue imposible
conseguir que el señor Edwards Bello lo revisara. Como tenía dudas sobre
algunas escenas demasiado escabrosas y otras muy desagradables, resolví hacerle
consultas por escrito, consultas que el autor se dignaba aclarar en breves
líneas:
"Querido amigo: Haz lo que quieras desde luego con "
La Chica del Crillon
". Se presta a mucho juego escénico. No objetaré nada," etc.
Llegó el momento de empezar y me fue imposible obtener una entrevista con don
Joaquín. Deseaba presentarle a la encantadora Beverly Bush, que había sido
seleccionada entre docenas de chiquillas para encarnar el papel de Teresa
Iturbizával, como creo que se llamaba la heroína. Tampoco se interesó el autor
en visitar los costosos escenarios que habíamos levantado para presentar con
propiedad la versión cinematográfica de su popular novela.
En cambio, el propietario del Hotel Crillon, don Jorge Kuppenheim, tuvo la
gentileza de facilitarnos una noche los muebles, la vajilla, los maîtres
y los "garzones" de su lujoso establecimiento.
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Venida a menos, "La Chica" aparece con su "mamá", la recordada actriz Elena
Puelma.
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Se habían repartido tarjetas a la crema de nuestra sociedad. Y las más hermosas
y elegantes chiquillas, acompañadas de parientes y amigos, se prestaron para
servir gratuitamente de "extras" en el seudo Hotel Crillon.
Era tan perfecta la reproducción del ambiente que todos se sentían viviendo la
hora del aperitivo en el auténtico Crillon.
El "trago" corría por cuenta de los productores y los mozos tenían orden de
servir cuanto y todo lo que se les pidiera. Al preguntarle a uno de ellos si
encontraba acertada la reproducción del ambiente, me respondió:
- Está igualito, don Jorge. Lo único malo está en que aquí nadie nos da
propinas...
Las escenas salieron a la perfección, mas no había forma de convencer al autor
de que las revisara, aunque fuera proyectadas.
Cuando dimos término a la película pensé que tendría interés en verla completa.
Convinimos día y hora para mostrársela; pero tampoco apareció. Llegó, por fin,
el día de la
première
. Se le mandaron varias entradas, mas tampoco don Joaquín se presentó. Yo
comentaba estos hechos con otros periodistas y todos respondían:
-¡Son cosas de Joaquín! ¡Tú sabes que tiene sus rarezas!
- Tan raro es - agregó uno, que una noche, siendo el invitado de honor a una
comida, creo que en casa de Misiá Enriqueta Vergara de Scroggie, no asistió,
pero en cambio le mandó un vestido de regalo a la dueña de casa.
Otro aseguró que el señor Edwards Bello se colocaba una máscara para comer. Yo
escuchaba estos comentarios con la indiferencia con que se oyen los "pelambres".
Pero todo habría sido disculpable si al día siguiente, fecha del estreno en el
Teatro Central, no hubiera publicado un artículo encabezado con grandes
titulares, en que se leía más o menos lo siguiente:
"Exijo que mi nombre sea retirado de la película "
La Chica del Crillon
". El contenido del artículo demolía la producción que él jamás vio.
Es de imaginar los momentos de angustia que pasamos Spencer y yo.
La inoportuna declaración del autor ponía en peligro el éxito de la película y
la deuda contraída había que cancelarla con las recaudaciones de la boletería.
Menos mal que el público y la crítica aplaudieron con entusiasmo la película.
Escritores prestigiosos ensalzaron sus méritos y no faltaron críticas a la
insólita actitud del señor Edwards Bello.
Al tercer día de su estreno caí enfermo y el gerente de la compañía
distribuidora y "taita" del Teatro Central, mi inolvidable amigo Manuel Troni,
me llamó por teléfono para decirme:
- Voy a mandar, colocar la extensión del teléfono en la platea, para que
escuches, "Corke", las ovaciones al final de la función.
Efectivamente, el "estirado" público del Central prorrumpió en una entusiasta
ovación.
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A pesar de la mala opinión que tiene don Joaquín Edwards Bello de la versión
cinematográfica que realicé de su novela, ese año obtuve el "Oscar" gracias a
"La Chica del Crillon".
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- Esto ocurre en todas las funciones. Puedes dormir tranquilo, "Corke" - me
comunicó Troni.
El único que protestó y sigue protestando es don Joaquín Edwards Bello. (Lo
trato de "don" desde esa época, en que él, cuando se topa conmigo en la calle,
se saca nerviosamente el sombrero, como acostumbra a hacerlo con las personas
con que no desea alternar.)
Esta clase de rarezas son las que no sé por qué debemos soportarles a nuestros
talentos, porque suponiendo que la película hubiera sido un bodrio, no tenía
derecho el autor a exponer a una catástrofe a los que con la mejor intención
desearon rendirle un homenaje.
"Hollywood es Así"
Durante la travesía en un "Santa", desde San Pedro de California a Valparaíso,
escribí el guión de esta película. En ella se muestra la decepción sufrida en
La Meca del celuloide por una muchacha chilena, provinciana, que realiza un
viaje a Hollywood, como recompensa por haber ganado un concurso de slogans para
ponderar los méritos de cierta fábrica de cosméticos.
Si grandes dificultades tuve - que afrontar para reconstruir, con modestísimos
medios, el ambiente hollywoodense, mayores fueron las que se me atravesaron
para encontrar, en las calles de Santiago, personas que se parecieran a los
astros, estrellas y directores más famosos de Hollywood.
En una boite santiaguina tuve la suerte de toparme con el doble del famoso
Hitchcock. Grande fue mi alegría cuando vi a un gordo que se parecía, no diré
como una gota de agua a otra gota de agua, sino, y con más propiedad, como una
piscina a otra piscina, al voluminoso
"Rey del Suspenso"
. Me aproximé a él:
- Tiene usted, señor, un extraordinario parecido con Hitchcock ...
-¿Hitchcock? Me suena el nombre. ¿No son unos parches para el pecho? - me
respondió el buen gordo. ¡Había confundido a Hitchcock con los parches Allcock
para el pecho! El sosías del director de "Rebeca" resultó ser un minero nortino
que venía a pasar una temporada a Santiago.
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El doble del famoso Hitchcock dirigiendo una escena en que actúa el doble
también de Charles Boyer.
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Al día siguiente estaba en el Estudio Santa Elena, dirigiendo nada menos que a
Charles Boyer.. ., como puede verse en la fotografía.
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Los hermanos Marx y Chaplin, todos nacidos en Chile.
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El característico timbre de voz del gran actor francés fue imitado a la
perfección por mi hijo Jorge, que conoció mucho a Boyer, y quien celebraba con
entusiasmo la imitación perfecta que le hacía.
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Lincoln caracterizado por un carpintero del estudio. Años después, "Las Ultimas
Noticias" publicó esta fotografía, por equivocación, en su edición
conmemorativa del día de Lincoln.
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Necesité sentar en una misma mesa nada menos que a Franklin D. Roosevelt,
Winston Churchill, José Stalin y Adolfo Hitler. "Los cuatro" eran amigos míos;
pero no se conocían entre sí. Como presumía que al preguntarles si querrían
desempeñar los papeles que les tenía designados, se iban a negar - todos eran
personajes de categoría y nada tenían que ver con el arte cinematográfico, los
invité a almorzar a mi casa y después a visitar el estudio. Ya metidos en el
ambiente, logré llevarlos a la sala de maquillaje y prepararlos para la toma.
Stalin fue el que más me dio que hacer. Al verse en el espejo con los clásicos
bigotes, se los arrancaba indignado:
-¡Acuérdese que soy abogado! - me decía, francamente encolerizado. Pero anduve
con más suerte que los Tres Grandes y lo convencí.
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Franchot Tone, Catharine Hepburn, Mickey Rooney, María Montez y Adolphe Menjou,
encontrados en la calle Ahumada.
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Me ponía a la caza de los sosías de astros y estrellas en la calle Ahumada, a
la hora de mayor tránsito. Allí había encontrado a Franchot Tone, Charles Boyer
y otros. ¿Por qué no iba a toparme también con Tyrone Power? Cuando ya perdía
las esperanzas, ¡zas!.. lo veo ante mis ojos. Lo seguí. El, que había notado la
persecución de que lo hacía víctima, aceleró el paso. Después de correr varias
cuadras, abriéndome camino con dificultad entre la densa muchedumbre, vi que
entraba en una tienda de artículos para hombres. De ahí no se me escaparía.
- Tiene usted un enorme parecido con Tyrone Power, señor... - le dije,
abordándolo con el mejor de mis modos.
-¡Qué te "habés" imaginado, so. . . domita, ya verás la bronca que te voy a
tirar si "continuás" esta persecución! - me respondió con marcado acento
argentino el Tyrone Power porteño. Esto se los cuento para que vean ustedes los
malos ratos a que está expuesto un director cinematográfico que no dispone de
capital para contratar actores profesionales.
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Roosevelt era Julio Molinare; Churchill, Lathrop; Stalin, Jorge Cristi, y
Hitler, Juan Livingstone, padre del famoso "sapo"
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Muchas anécdotas desfilan por mi mente; percances que ocurrieron durante la
filmación de "La Chica del Crillon" y "El Hombre que se Llevaron"; pero por
ahora les voy a relatar lo acaecido con una película que nunca realicé:
El crimen de Beckert.
¿Fue fusilado el Canciller alemán?
Corría el año 1939; la guerra estaba en su apogeo. Una tarde llegó a mi casa el
viejo periodista Vicente Donoso Raventós ("El Chino Donoso") cargando un
abultado portafolio, y, sin entrar en preámbulos, me espetó la siguiente
pregunta:
-¿Sabe usted, compañero, que gracias a mí se descubrió el crimen de Beckert y
que debido a ello Chile conserva el Estrecho de Magallanes?
- No, hombre, no sabía - le respondí.
Sacando entonces un montón de recortes de periódicos del portafolio, empezó su
relato:
- Era yo reportero policial de "La Unión", de Valparaíso, y el jefe de crónica
me había encomendado descubrir el sensacional hecho ocurrido en la tarde del
viernes 5 de febrero de 1909.
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Incendio en la Legación alemana y retrato de Guillermo Beckert.
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"Después del incendio de la Legación alemana, ubicada en la calle Nataniel
esquina de Alonso Ovalle, fueron encontrados los restos carbonizados de un ser
humano. Los médicos alemanes señores Westenhoffer y Aichell, llamados por el
ministro de Alemania para que hicieran la autopsia, certificaron que eran del
canciller alemán don Guillermo Beckert. Incrustados en esos restos calcinados
se encontraron sus anillos, sus colleras y su reloj. La culpa recayó sobre el
portero de la Legación, el chileno Exequiel Tapia, quien se hizo humo, junto
con la cantidad de $25.000 que el ministro de Alemania von Bodman había
depositado el día anterior en la caja de seguridad de la Cancillería. Von
Bodman sostenía que el canciller había sido asesinado por el portero Tapia, no
sólo impulsado por el móvil del robo, sino más aún: Beckert recibió con
anterioridad anónimos en los que se le amenazaba de muerte, y estos anónimos
fueron llevados a la Prensa por el propio Beckert. También el barón von Bodman
declaró que un súbdito alemán, un señor de apellido Neupert, le acababa de
entregar una carta firmada por Beckert, de acuerdo con la promesa hecha a éste
el año anterior, en caso de que muriera inesperadamente.
"- Estoy amenazado de muerte, le había dicho Beckert a Neupert, y si mis
enemigos llegan a cumplir su siniestro plan, le ruego hacer entrega de estas
dos cartas: una para nuestro ministro von Bodman y la otra para el Presidente
de Chile, Excmo. señor don Pedro Montt.
"Tome nota del contenido de dichas cartas, amigo Coke - agregó, muy excitado
"El Chino Donoso"-, ¡y dígame si ambas no encierran amenazas para Chile!
¡Observe que coinciden con las palabras que debía pronunciar, un año después,
el ministro de Alemania en los funerales de la víctima prefabricada!
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Funerales del presunto canciller de Alemania, el ministro Von Bodman, marcado
con la cruz.
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Después de asentir en sus apreciaciones, lo dejé continuar:
- Efectivamente, en la carta dirigida a von Bodman hay un párrafo que dice
textualmente: "Es infinitamente penoso pensar que mi muerte podría ser para mi
segunda patria la causa de un serio conflicto". En la otra, que llegó a manos
de don Pedro Montt, también hay un párrafo que corrobora mis sospechas: "La
generosidad chilena sabrá resarcirles la falta que les hace el que les
proporcionaba el bienestar y el pan". (Se refería a su mujer, Natalia López, y
a un hijo adoptivo.) "Así también se evitarán las dificultades que pueden
surgir, a causa de mi muerte, entre el Gobierno de mi patria y el de Chile"...
"Vea usted, recalcaba Donoso, en su apasionante narración, todo estaba
coordinado en forma diabólica para atemorizar al Gobierno chileno y preparar a
la opinión pública en el golpe final: ¡la apropiación del Estrecho de
Magallanes!
Me parecía increíble lo que escuchaba y puse más atención:
- Pero la buena estrella de Chile quiso que el joyero Otto Izacovich, que había
conocido a Beckert, por haber sido su vecino, se presentara al día siguiente
del incendio ante el juez sumariante, señor Bianchi Tupper, para declararle
formalmente que en la madrugada del sábado se había topado en el Portal Edwards
con el canciller que se daba por muerto. El juez lo tomó por un loco y le pidió
que no complicara más las cosas; ya el cadáver carbonizado había sido
reconocido oficialmente como el de Guillermo Beckert, canciller de la Legación
de Alemania en Santiago.
"Los funerales del supuesto canciller se llevaron a efecto con toda pompa. En
representación del Gobierno de Chile asistió el Ministro de Relaciones
Exteriores, y el cuerpo diplomático se hizo presente en masa.
"Antes de proceder a la inhumación del cadáver, hizo uso de la tribuna el
ministro de Alemania, Excmo. señor von Bodman. El discurso del representante de
S. M. Guillermo II causó consternación por la dureza y arrogancia de sus
términos:
"Alemania recordará con tierna gratitud al que murió en ejercicio de sus
deberes, víctima del puñal traidor de un cobarde asesino.
"¿No eran estas palabras, dichas por un diplomático extranjero frente al
Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, la insinuación del despojo que, con
premeditación y alevosía, había sido planeado en el palacio del prepotente
Guillermo II?
Vicente Donoso terminó diciéndome que poseía el más sensacional guión
cinematográfico, basado en este drama, y que a eso obedecía su visita a mi casa.
- Puedo asegurarle, Coke, que ese crimen fue fraguado por el imperio alemán -
insistía. El Canal de Panamá estaba próximo a abrir sus esclusas que pondrían
en contacto los dos océanos, y Alemania deseaba tener, también, su pasaje
propio entre los dos grandes mares, cuyas llaves estarían, desde ese momento,
en manos del Tío Sam. Pero Alemania no había olvidado que en la cola de la
América del Sur existe un pasadizo natural que une también los dos océanos: el
Estrecho de Magallanes. ¿Va comprendiendo? - agregaba, a cada momento más
excitado, Donoso Raventós.
Yo, interesadísimo, lo dejaba hablar sin interrumpirlo:
- Cuando este sensacional crimen había llegado al máximo de su tensión, se
presentó una noche a mi casa el joyero Izacovich. Volvió a insistirme que él no
sólo había visto a Beckert horas después del incendio de la Cancillería, sino
que lo había abordado. "Cierto es - aseguraba el joyero- que Beckert se había
dejado barba; pero su rostro me era demasiado conocido. Cuando lo quise
saludar, me respondió que él no era Guillermo Beckert y se escabulló. Yo le
había hecho las argollas de compromiso con sus iniciales y las de su esposa,
Natalia López.
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Cráneo de Tapia, tal como se conserva en el despacho del director de la Escuela
Odontológica.
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Además, habíamos sido vecinos y el timbre de su voz no podía engañarme -
afirmaba enfáticamente el joyero, agregando: No comprendo por qué se me ha
prohibido volver a hablar de este asunto, ahora que el honor de Chile está en
tela de juicio. Además, se dice que Alemania pedirá una indemnización
territorial..." Yo acababa de leer una novela policial - me explicó Donoso- en
que la identificación de un cadáver había sido posible mediante el examen de la
dentadura de la víctima. Esta lectura me sugirió la idea de dirigirme al
odontólogo de más prestigio en Chile: al director de la Escuela Dental, doctor
Germán Valenzuela Basterrica. Entonces obtuve un permiso para exhumar el cráneo
de Beckert, y junto con el doctor Valenzuela procedimos a sacar de su urna los
res tos de la cabeza carbonizada del que ahí estaba sepultado bajo el nombre de
Guillermo Beckert, canciller de Alemania.
"Envolví aquellos restos en un diario y le pedí a don Germán que nos
dirigiéramos al consultorio del dentista Denis Lay, quien, según mis
averiguaciones, había atendido a Beckert. Tomamos un carro Catedral y dejamos
el macabro envoltorio sobre el asiento. Con tanto interés íbamos discutiendo
los pormenores del crimen y sus proyecciones internacionales, nada favorables
para nuestra patria, que seguimos viaje sin darnos cuenta de que debíamos
bajarnos. Descendimos sobreandando del tranvía; ¡pero habíamos olvidado la
cabeza del muerto en el asiento! Es de imaginarse la carrera que emprendimos
tras el carro. Al atildado odontólogo se le hacían cortas las piernas para
correr. Los faldones de su chaqué, ribeteado de cinta, se volaban y el pequeño
"tongo" cayó dos veces a la calzada. Tres cuadras corrimos en persecución del
tranvía hasta darle alcance nuevamente. Jadeante me trepé a él y recuperé el
paquete que sirvió para salvar el honor de Chile. ¡Imagínese, compañero, mi
responsabilidad si hubiera perdido la cabeza de Beckert! ¿No era para perder la
cabeza? Tal vez ya nos habrían quitado el Estrecho de Magallanes y sabe Dios si
la historia del mundo hubiera variado.. .
"Confrontada la dentadura con la tarjeta que archivaba el doctor Denis Lay,
pudo comprobarse que los trabajos anotados en ésta nada tenían que ver con
aquélla. En efecto, el muerto gozó de dientes sanos, sin una picadura, y según
el archivo del dentista referido, Beckert tuvo extracciones, coronas de oro y
obturaciones en platino. Se comprobó, así, que el cadáver sepultado con tanta
pompa no era el del canciller alemán. Desde ese momento el proceso tomó un giro
sensacional. Toda la policía de Chile se lanzó en búsqueda del audaz y frío
asesino germano. Dos días después fue encontrado, oculto bajo el nombre de Ciro
Lara Motte, en Lonquimay, aprestándose para pasar a territorio argentino. Ahí
intentó sobornar a sus captores; pero éstos lo condujeron engrillado ante el
juez que había ordenado su detención. Y admírese: los doctores alemanes que
hicieron la autopsia desaparecieron silenciosamente de Chile.
Después de una pausa, continuó "El Chino Donoso":
- Curioso es recordar que Beckert había sido "mocho" de San Ignacio cuando yo
estudiaba' en ese colegio. El "mocho" Beckert gozaba de la triste fama de
crueldad con los muchachos y por la falta más leve nos zurraba con la temida
palmeta, hasta sacarnos sangre de las manos.
Yo, que permanecía extasiado escuchando esta nueva versión, callaba.
- Algunos aspectos del fusilamiento son dignos de ser comentados - continuó él.
En aquella época los reporteros gráficos utilizaban grandes cámaras
fotográficas de cajón;' pero como las autoridades habían prohibido la entrada
de ellos en el recinto de la Penitenciaría, yo disimulé la cámara del diario en
el interior de mi sombrero, al cual tuve que abrirle un portillo en la copa
para dar paso a la lente. Gracias a esta estratagema obtuve fotos que usted
verá - agregó, y echándose a nado en el archivo, Donoso me mostró la fotografía
'de Beckert en el momento de ser conducido al patíbulo.
Aparecía el reo llevado en "silla de manos" por dos vigilantes de la
Penitenciaría, cubierto con una sábana.
-¡Hombre, pero es en realidad un notable argumento cinematográfico! - exclamé
al fin.
Pero Donoso quiso terminar:
- Como usted ve, mi amigo, se habían violado las disposiciones legales que
permiten a los asistentes de las ejecuciones capitales reconocer al ajusticiado.
Luego calló, como abatido.
Yo le expresé que el tema era verdaderamente apasionante por la novedad con que
se había enfocado el crimen más bullado del último siglo.
- Desgraciadamente - continué, no cuento con medios económicos para reconstruir
su historia; pero una vez terminada "La Chica del Crillon" podemos encontrarnos
de nuevo y discutir las posibilidades de llevar a la pantalla su sensacional
versión del crimen de Beckert.
Al despedirme del inteligente cronista, le pregunté si sería posible exhumar la
calavera del ajusticiado y verificar, como se hizo anteriormente, si su
dentadura corresponde a la que aparece en la tarjeta del dentista Denis Lay.
- Es una gran idea - me respondió Donoso. ¡Le aseguro que llegaría a probarse
que Beckert no fue fusilado el 4 de julio de 1910!
Poco después falleció Vicente Donoso Raventós. Yo solamente anoté estos datos
que tomé en la única visita que me hizo.
No cabe duda de que ésta habría sido la película más emocionante de los últimos
tiempos; pero estaba decretado que no se filmaría.
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