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Muy disímiles éramos los tres socios propietarios de "Topaze"; pero
coincidíamos en un defecto o cualidad: nuestra rangosidad de nuevos ricos. Con
cualquier pretexto dábamos fiestas en que echábamos la casa por la ventana,
invitando a políticos, artistas y periodistas. Para estas ocasiones instalaba
yo, en una oficina que daba al zaguán de la vieja casa, un maquillador experto
en pegar peras y bigotes. Cada invitado, hombre o mujer, estaba obligado a
disfrazarse de "Topaze". También se les proporcionaban anteojos con montura de
carey, como los que luce el docto profesor creado magistralmente por Rafael
Frontaura, pero sin cristales. Ni las damas se escapaban a esta exigencia.
Nuestra inolvidable amiga Luisa Larrazábal de Sutil adquiría con esos apéndices
capilares un aspecto mosqueteril, y a Marta Brunet le daban el aire de un
inocente Falstaff.
La mascota de la casa era un burrito que me habían vendido en la calle y que me
garantizaron como genuinamente enano. Al simpático pollino se le pegaban
también una pera y un bigote, hechos de los crines de su propio rabo, y se le
endosaban unos grandes anteojos de cartón que le daban una apariencia de
intelectual displicente.
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Marcial Mora Miranda, Ministro del Interior, y su esposa, asistieron a una
fiesta topácica. Los acompañan `Fantasio", "Coke" y Jorge Sanhueza.
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Pero el animalito se propuso no ser enano. Y a los pocos meses se había
convertido en un tremendo burro, tan voraz, que un día pretendió comerse una
cortina verde que adornaba la puerta de mi despacho. Tan pesada se fue poniendo
la "mascotita", que en lugar de acoger a los invitados con buenos modales, en
una ocasión los recibió a coces. Otra vez el muy borrico arremetió contra una
máquina de escribir hasta dejarla fuera de uso. Colmada nuestra paciencia y
ante mi desesperación, el dibujante "Huelén" se ofreció para llevarlo al cerro
San Cristóbal, donde lo dejó abandonado. Como esto ocurrió hace veintidós años,
su calavera calcinada debe estar esperando a su "doctor Pandolfo" que, como en
la popular poesía, le diga: "¡Válgame Dios lo que somos!"
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A Rafael Frontaura, rodeado del elenco de su compañía, se le embadurna el
rostro con yeso para obtener su mascarilla, que debía servir de modelo al
maniquí de "Topaze".
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Una de aquellas fiestas tuvo por objeto hacer la mascarilla del rostro de
Frontaura, creador del personaje de Pagnol que le había prestado su nombre a
nuestro semanario.
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A pesar de los palos que "Topaze" le pegaba a los Estados Unidos, el Embajador
del Tío Sam, Mr. Culbertson, visitaba asiduamente nuestra sala de redacción.
Aquí aparece con el maniquí del profesor desnudo. Lo acompaña su primer
secretario
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Con tal motivo, su rostro fue sometido al vaciado en yeso, mientras los
comensales brindábamos por su salud y prosperidad. De ahí salió un maniquí
perfecto, con sus miembros articulados, que servía de propaganda para nuestra
revista y que presidió un cóctel que dimos a los políticos con el propósito de
unir a la familia chilena.
Otro party inolvidable fue el que ofrecimos en homenaje al famoso humorista
Ramón Gómez de la Serna. En el primer patio, y junto a un naranjo, Ramón plantó
simbólicamente una docena de cascabeles. Años más tarde, cuando la casona fue
demolida, los obreros que encontraron la vasija con los cascabeles deben haber
soñado con un fabuloso entierro.
Pero la más "sonada" de las fiestas fue la que ofrecimos al inaugurar la "Onda
Topaze".
La broadcasting estaba instalada en uno de los amplios salones de nuestra
vetusta casa, que había sido la mansión de la familia González Vial. Para
llevar la corriente eléctrica adecuada fue necesario hacer un túnel que
atravesaba la calle Moneda y el auditorio fue acústicamente acondicionado con
harpillera.
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El maniquí de Topaze ofreciendo la manifestación al presidente del Partido
Radical, don Domingo Durán
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Una intensa propaganda anunciaba la inauguración de nuestra "onda".
El ingeniero Vivado y sus ayudantes trabajaron con ahínco; pero cuando faltaba
una hora para iniciar la transmisión se nos hizo saber que la voz no salía al
aire.
Un exquisito buffet, pedido al Lucerna, esperaba a los invitados. Entre los
números del programa figuraba el nombre de la encantadora poetisa brasileña
Rosalina Coello de Miller, esposa en aquella época del presidente de la United
Press. Distinguidas cantantes, entre las que recuerdo a Elena Huneeus de
Linholm, figuraban también en el programa, y una orquesta de moda había sido
contratada para amenizar el acto. .
¿Qué hacer? La voz de "Topaze" no salía al aire y ya los invitados empezaban a
llegar.
No tuve valor para comunicarles el fracaso técnico e iniciamos la fiesta con la
lectura de un impresionante discurso en que dábamos a conocer los propósitos de
la nueva emisora.
Le pedí a un amigo de confianza que se instalara en el teléfono de una pensión
vecina y que desde ahí llamara, simulando que nos hablaban desde diferentes
puntos del país, felicitándonos por nuestra magnífica y original audición.
El segundo número fue el de la señora Coello, quien declamó, con toda la
sensibilidad de que era capaz, algunos de sus bellos poemas en portugués.
A cada momento el teléfono sonaba para comunicarnos, ya de San Fernando o de
Rancagua (! ) que la audición se oía con brillante nitidez, pero que el piano
estaba demasiado cerca del micrófono.
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Ramón Gómez de la Serna después de sembrar los cascabeles. Lo rodean Luisa
Yrarrázaval de Sutil, "Huelén", "Fantasio", "Coke", Marta Brunet, Avelino
Urzúa, Pedro Sienna y Manuel Vega.
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"El Gringo Linholm", que había sido mi profesor de gimnasia sueca en la Escuela
Naval, con sus fuerzas hercúleas movía entonces el piano con pianista y todo.
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Grupo tomado la noche en que fue "inaugurada" la Radio Topaze. Al centro, el
burro mascota. Se le colocaron anteojos de cartón, pera y bigotes.
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La velada había estado magnífica y las felicitaciones telefónicas de mi
cómplice menudeaban desde los puntos más apartados del país.Jamás supieron
nuestros artistas que sus voces no se oían ni desde la pieza vecina; y ojalá
que el Hércules sueco, si es que en sus manos cae este libro, tomando en cuenta
que han transcurrido veintidós años, se apiade de mi humanidad.
Al día siguiente, al llegar a la oficina, me extrañó ver una "golondrina" en
que estaban cargando la instalación de la broadcasting. Mi socio, Jorge
Sanhueza, en uno de sus gestos bizarros, le había regalado la radio a un amigo.
¡No quiero ni pensar el valor que tendría hoy el derecho al "canal", inscrito
con la característica C.M.B.T. onda de metros 38.217.
Pero "Pichiruche" era así. Más tarde le obsequió graciosamente a Carlos Cariola
la revista "Wikén", destinada a hermanarse con "Topaze". Su último director,
Luis Mesa Bell, fue asesinado en forma alevosa por agentes de la policía
secreta, por "haberle dado demasiada luz al gas" en los obscuros manejos de esa
institución de seguridad pública.
Fue mi malogrado amigo Jorge Sanhueza Donoso uno de los periodistas brillantes
de nuestra generación. Las parodias de versos famosos, como la intitulada
"Conradín Conradajo", y los editoriales concentrados y certeros en la
apreciación de los problemas candentes de la actualidad, son un ejemplo en su
género. Solamente un competidor digno de figurar a su altura ha tenido Jorge:
su hermano Gabriel.
Pero tanto Jorge Sanhueza como Joaquín Blaya eran hombres inconstantes, y a las
primeras medidas represivas, cierres y censuras, se les enfrió su primitivo
entusiasmo y terminaron por venderme sus derechos. Desde entonces, quedé yo
como único propietario de la revista.
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