En una quebrada de la colina que rodea a Hollywood, cercana al barrio
residencial de los artistas, vivía a pleno aire y con traje de Adán el curioso
personaje que llamaban "Peter el Ermi taño", y que tenía nada menos que noventa
y seis años de existencia. Era un verdadero contraste de Hollywood, donde todo
el mundo edifica grandes casas y procura vivir rodeado de comodidades y en vida
de sociedad, encontrar a un ser que se aísla del mundo y se pone en contacto
con la naturaleza. Es lógico que este personaje no sólo despertase curiosidad
en todo Hollywood, sino que llegasen hasta él verdaderas peregrinaciones.
Nadie sabía su origen. Vivía solo con tres perros, algunas cabras y un burro.
Era un enemigo acérrimo del cine. Consideraba que era tan inmoral, que
Hollywood, por este solo capitulo, se había hecho acreedor al castigo de
Sodoma. Su aspecto daba la impresión de un Santa Claus desnudo. No comía nada
más que verduras, y en esta materia era mucho más intransigente que el propio
Ismael Valdés Alfonso.
Su charla era como la de un filósofo. Algunos chilenos que andaban aventurando
por Hollywood descubrieron que su hobby era la generosidad, y cada vez que lo
visitaban le "pegaban un sablazo" de algunos dólares, que él desenterraba de
debajo de unas piedras; dinero que seguramente le obsequiaban personas que iban
a consultarlo. Estos compatriotas llegaban hasta a comerle las ensaladas.
Sus animales estaban tan bien amaestrados que obedecían sus órdenes y hacían
una serie de piruetas y proezas admirables. El burro era un verdadero talento y
llegó a convencerme de que es un animal mucho más inteligente que el caballo.
"Peter el Ermitaño" me tomó simpatía en las numerosas visitas que le hice
llevándoles carne a sus perros, y llegué a la conclusión de que era el
personaje más equilibrado de todo Hollywood.