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Receta práctica para comer bien: dar un banquete

LVII

Durante el día, que lo pasaba en los diferentes estudios, además de tomar nota de los aspectos técnicos de la filmación, hacía apuntes de los astros y estrellas con el objeto de mandarlos a mi diario en Santiago.

El impertérrito Buster Keaton posándome.

Por las tardes, al regresar a casa, sacaba en limpio los apuntes, ampliándolos, y coloreándolos. Mi propósito era, al volver a Santiago, exhibirlos en la Sala de Exposiciones con que contaría el edificio que estaba construyendo "La Nación".

La caricatura fue reproducida en todas partes del mundo y tuve la satisfacción de oír al bufo decirme que era la mejor que se le había hecho.

En esos días me informaron que estaba por llegar de Valparaíso el transporte "Maipo". Su comandante, Samuel Ward, había sido uno de los pocos cadetes de mi época de la Escuela Naval de quien conservaba un buen recuerdo. Así es que me puse a pensar cómo recibirlo dignamente. Mi señora encontró la idea descabellada, pues, debido a nuestra falta de fondos, hasta ella tenía que trabajar de "extra", matando pieles rojas en películas del Far West.

Pero yo persistía en mi idea, y sin consultarla me dirigí al Hotel Roosevelt, el más suntuoso de aquella época, y pedí hablar con el manager . Llevaba mi plan y un álbum con los recortes de diarios que se referían a mi personalidad artística. El "Times" de Nueva York había dado la señal de partida entrevistándome a nuestra llegada a la gran ciudad.

Los demás continuaron publicando informaciones y fotografías, y uno llegó a decir que un "verdadero genio había llegado a Hollywood". Paso a transcribir mi diálogo con el manager del Hotel Roosevelt:

-¿En qué puedo servirlo?

- Le ruego, primero, imponerse de mi personalidad - le respondí al gringo, que tenía una cara de fiera, pasándole mi álbum de recortes.

Cotejó los retratos que ahí aparecían con mi rostro, que traté de mantener inexpresivo como el de un buen jugador de póker.

- Well, well .

- Como usted ve, señor, soy uno de los artistas más notables de "Latinoamérica" - le dije sin inmutarme, fijando mis ojos en los del manager e imitando inconscientemente a los domadores de fieras.

- Well?

Y sacando del bolsillo el recorte en que se anunciaba la llegada del "Maipo", y manteniendo siempre mis ojos cargados de magnetismo clavados en los de la fiera del hotel, continué:

- Usted debe recordar la llegada de la "Baquedano"...

- Oh, yes!

El arribo a San Pedro, puerto próximo a Los Angeles, del buque-escuela chileno había sido un verdadero acontecimiento. En su cubierta se dieron inolvidables parties , amenizados con abundante y legítimo whisky escocés; y había que ver lo que eso significaba estando en vigencia la "Ley Seca".

Y continué sin inmutarme, pues ya antes de entrar había hecho mi composición de lugar y lo peor que me podía suceder era que el gringo me dijera: Get out!

- He venido a proponerle abrir una exposición de mis dibujos en el lobby de su hotel. Esta exposición la haría su establecimiento, en honor a los marinos chilenos próximos a llegar.

- Very interesting.

Y en la noche, mi señora y yo ofreceríamos una cena al comandante y oficiales del barco, cena que correría por cuenta del hotel.

Vibró un momento de suspenso, que me pareció bastante prolongado, y el manager me contestó:

- Okay .

Claro es que el hombre puso algunas condiciones. Al día siguiente tendría yo que alojarme en su hotel, daría conferencias de prensa, ofrecería tragos y cigarros a los periodistas y diría que uno de los agrados más grandes de mi viaje había sido encontrar un hotel tan magnífico y confortable como el suyo. Y otra vez empecé a vivir un cuento de "Las Mil y Una Noches". Del modesto departamentito nos trasladamos a una magnífica habitación del lujoso Roosevelt. Miss Catalina Jorquera sacó el concho del baúl y los niños correteaban por el espacioso lobby , mientras yo recibía principescamente a los chicos de la Prensa. A cada momento hacía señas a un mozo para que trajera sándwichs y algunos tragos camuflados en tazas de café.

Los fotógrafos me retrataban en diferentes poses. Mi apostura de hombre próspero y bien rentado saltaba a la vista, y nadie habría podido imaginarse que hacía días que andaba sometido a dieta forzada.

Los reporteros me preguntaban detalles sobre mi película premiada en Sevilla, y yo me "levantaba el tarro" relatando los hechos curiosos ocurridos durante su filmación. Cuando les conté el caso del elefante que me había comido el argumento, uno de los periodistas casi sufrió un síncope.

Al otro día los diarios publicaban largos artículos refiriéndose a mí, y fotografías en que yo aparecía casi buen mozo y con aspecto de magnate. Por la tarde fueron colgadas las caricaturas, lo que dio motivo para nuevas fotos y entrevistas.

El manager estaba complacido por el golpe de publicidad y me pidió banderas chilenas para adornar la mesa que estaba preparando en el "gran comedor", para la cena con que yo, tan rangosamente, iba a festejar a la tripulación del "Maipo".