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De cómo "Vivo el Ojo" identificó al "Chute Varas" por una caricatura

XLIII

Estando mi mujer en sus últimos meses de embarazo, llegó un día a nuestra casa un muchachón modestamente vestido, que se presentó diciéndome:

- Soy Varas: nos sentábamos en el mismo banco en la clase de "El Negro Villegas"... ¿Te acuerdas?

- Claro - le respondí. Tu padre tenía un despacho en la calle Maipú... Y continuamos haciendo recuerdos de la niñez.

- He venido a pedirte, en nombre de nuestra vieja amistad, que me ayudes. Como ves - me dijo, mostrándome su gastado traje, no estoy en buena situación. Si pudieras obsequiarme alguna ropa, te lo agradecería.

Varias veces el amigo Varas volvió a casa y siempre recibió mi ayuda de acuerdo con mis modestos recursos.

Un día mi mujer me dijo que sentía una repugnancia instintiva por Varas.

- Estoy segura de haberlo visto espiándote desde la puerta de una casa vecina. Tengo el presentimiento de que está tramando algo.

Después de la escena de las mariposas, atribuí las observaciones de mi mujer a su estado y no les di mayor importancia.

El criollísimo detective Amador Lizana ("Vivo el Ojo"), terror de los hampones santiaguinos.

Pero una tarde, al regresar a casa, me sorprendió ver en la puerta de calle un compacto grupo de personas. Al interrogarlas, me respondieron que el tercer piso había sido asaltado.

Volé escaleras arriba y encontré la casa llena de agentes de la "Secreta". Por suerte mi esposa había pasado ese día en casa de su madre. Los asaltantes, después de golpear a la muchachita que nos servía, la metieron amordazada en la tina de baño.

Al regresar mi mujer se encontró con esta desagradable novedad y la denunció a la Sección de Seguridad. La casa había sido virtualmente desmantelada, sirviéndose los maleantes de nuestras propias maletas para acarrear toda la ropa y servicio de plaqué.

Estaba a cargo de la pesquisa Amador Lizana ("Vivo el Ojo"), que era el mejor detective de su tiempo. Había interrogado a la empleada, y ésta le había declarado que un amigo del patrón, el señor Varas, junto con dos sujetos, eran los autores del asalto.

-¿Cómo es el nombre de Varas? - me preguntó Lizana.

- No tengo la menor idea - le respondí.

- Malo está - dijo "Vivo el Ojo"-. Hay cientos de Varas prontuariados. ¿Podría hacerme una descripción de su persona?

- Más que eso - le respondí -; voy a intentar hacerle su retrato.

Y sacando mi lápiz, tracé en un papel la cara de mi depravado compañero de colegio. Fue tan grande el esfuerzo mental que hice para reconstruir su rostro, que me quedó "hablando". Al mostrárselo al "Vivo el Ojo", éste exclamó con satisfacción:

-¡Es el "Chute Varas"! Precisamente hay una orden de detención contra él por estafa. Este carajo es maricón y sé dónde encontrarlo.

A la mañana siguiente, el "Chute Varas" fue detenido junto con sus cómplices.

Le quitaron los boletos de empeño de las prendas que nos había robado, y después de un "hábil interrogatorio" declaró que su intención había sido despojar a mi señora de unos aros de brillantes que le habían llamado la atención.

Gracias a Dios, el ruin compañero, cuyas visitas a mi casa tenían por objeto estudiar el terreno, no acertó en sus propósitos. Fácil es imaginar las consecuencias que habría tenido en mi mujer y mi futuro hijo el procedimiento empleado por tales badulaques con nuestra sirvienta.