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Estando mi mujer en sus últimos meses de embarazo, llegó un día a nuestra casa
un muchachón modestamente vestido, que se presentó diciéndome:
- Soy Varas: nos sentábamos en el mismo banco en la clase de "El Negro
Villegas"... ¿Te acuerdas?
- Claro - le respondí. Tu padre tenía un despacho en la calle Maipú... Y
continuamos haciendo recuerdos de la niñez.
- He venido a pedirte, en nombre de nuestra vieja amistad, que me ayudes. Como
ves - me dijo, mostrándome su gastado traje, no estoy en buena situación. Si
pudieras obsequiarme alguna ropa, te lo agradecería.
Varias veces el amigo Varas volvió a casa y siempre recibió mi ayuda de acuerdo
con mis modestos recursos.
Un día mi mujer me dijo que sentía una repugnancia instintiva por Varas.
- Estoy segura de haberlo visto espiándote desde la puerta de una casa vecina.
Tengo el presentimiento de que está tramando algo.
Después de la escena de las mariposas, atribuí las observaciones de mi mujer a
su estado y no les di mayor importancia.
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El criollísimo detective Amador Lizana ("Vivo el Ojo"), terror de los hampones
santiaguinos.
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Pero una tarde, al regresar a casa, me sorprendió ver en la puerta de calle un
compacto grupo de personas. Al interrogarlas, me respondieron que el tercer
piso había sido asaltado.
Volé escaleras arriba y encontré la casa llena de agentes de la "Secreta". Por
suerte mi esposa había pasado ese día en casa de su madre. Los asaltantes,
después de golpear a la muchachita que nos servía, la metieron amordazada en la
tina de baño.
Al regresar mi mujer se encontró con esta desagradable novedad y la denunció a
la Sección de Seguridad. La casa había sido virtualmente desmantelada,
sirviéndose los maleantes de nuestras propias maletas para acarrear toda la
ropa y servicio de plaqué.
Estaba a cargo de la pesquisa Amador Lizana ("Vivo el Ojo"), que era el mejor
detective de su tiempo. Había interrogado a la empleada, y ésta le había
declarado que un amigo del patrón, el señor Varas, junto con dos sujetos, eran
los autores del asalto.
-¿Cómo es el nombre de Varas? - me preguntó Lizana.
- No tengo la menor idea - le respondí.
- Malo está - dijo "Vivo el Ojo"-. Hay cientos de Varas prontuariados. ¿Podría
hacerme una descripción de su persona?
- Más que eso - le respondí -; voy a intentar hacerle su retrato.
Y sacando mi lápiz, tracé en un papel la cara de mi depravado compañero de
colegio. Fue tan grande el esfuerzo mental que hice para reconstruir su rostro,
que me quedó "hablando". Al mostrárselo al "Vivo el Ojo", éste exclamó con
satisfacción:
-¡Es el "Chute Varas"! Precisamente hay una orden de detención contra él por
estafa. Este carajo es maricón y sé dónde encontrarlo.
A la mañana siguiente, el "Chute Varas" fue detenido junto con sus cómplices.
Le quitaron los boletos de empeño de las prendas que nos había robado, y
después de un "hábil interrogatorio" declaró que su intención había sido
despojar a mi señora de unos aros de brillantes que le habían llamado la
atención.
Gracias a Dios, el ruin compañero, cuyas visitas a mi casa tenían por objeto
estudiar el terreno, no acertó en sus propósitos. Fácil es imaginar las
consecuencias que habría tenido en mi mujer y mi futuro hijo el procedimiento
empleado por tales badulaques con nuestra sirvienta.
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