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Mi hermano Alfredo era uno de los ingenieros de la Fábrica de Gas, y me llevó a vivir con él a la casa que le proporcionó la compañía, bajo la peligrosa sombra de dos gasómetros. Eran tantas las confusiones que se producían cuando los clientes de la fábrica pedían "Coke" para sus cocinas y mi director llamaba a "Coke" desde "Sucesos", que decidí mudarme a una pieza que mi patrón me arrendó en el fondo del edificio que ocupaba la revista en la Galería Alessandri.
Nadie podría imaginar hoy que en pleno centro de Santiago, en Bandera casi esquina de Agustinas, pudiera haber existido una quinta, rodeada de tosca reja de madera, en cuyo fondo y detrás de un hirsuto jardín sombreado de añosos nogales se levantaba una típica casa de campo chilena. Era "Chez Cárdenas", el criollísimo restaurante que yo frecuentaba durante mi permanencia en "Sucesos".
El precio del almuerzo o la comida, cuyo menú se componía de cuatro suculentos platos, entre ellos la entrada de salpicón de ave y la infaltable cazuela de vaca, todo regado con una jarra de vino tinto, era de $ 2,60. Para el poseedor de una tarjeta de abono, el costo bajaba a $ 2,20. ¡Benditos tiempos aquéllos en que la "oligarquía" gobernaba en Chile! La mayor parte de los parroquianos eran individuos que sobrepasaban los 110 kilos de peso. Solamente el periodista y profesor de mandolina Peña Castro y yo éramos la excepción. Su propietario, el bonachón señor Cárdenas, se sentaba en una silla construida especialmente para contener y soportar su voluminosa humanidad.
Allí se alimentaba también la plana mayor de la Sección de Seguridad, comandada por el famoso Eugenio Castro. A veces yo ponía oído a la conversación que sostenían los sabuesos, que, sin valerse de medios técnicos, descubrían los más intrincados crímenes y estafas. Y si las pesquisas no lograban dar con el hechor, ellos lo fabricaban.
Gracias a mis contactos con estos "comisionados" pude introducirme en el vagón en que trajeron detenido a "El Boca de Señorita", después de haber cometido sensacionales estafas disfrazado de cura. "Sucesos" dio un golpe cuando sus lectores leyeron la entrevista exclusiva ilustrada con apuntes del natural, que tuve la fortuna de hacerle al falso cura y descubridor de "entierros". Era la época en que don Juan Luis Sanfuentes manejaba, esta vez bajo su exclusiva responsabilidad, el timón de la barca del Estado.
Este caballero, que hizo célebre al dueño de una papelería, don César Frigerio, por ser su sosías, era de porte distinguido y su rubicundo rostro se prolongaba en forma de una reluciente calva. La eterna sonrisa, que le daba una expresión de optimismo, se debía a que tenía algo recogido el labio superior izquierdo. En realidad, pues, la famosa sonrisa de don Juan Luis no pasaba de ser una mueca que le servía de máscara. Ni cuando el León de Tarapacá empezó a lanzar sus primeros rugidos y a levantarle presión en el Ejército, dejó don Juan Luis de sonreír,
Con él terminaron los gobiernos de Derecha. En su último período presidencial don Arturo Alessandri quiso reiniciarlos; pero lo consiguió sólo a medias. Era tarde para cerrar los diques de la demagogia que él había abierto, y el torrente incontenible de su "querida chusma" terminó por arrastrarlo a él mismo en su tumultuosa vorágine. "La canalla dorada" fue impotente para hacer triunfar al candidato oficial a la presidencia, don Gustavo Ross Santa María.
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La misteriosa sonrisa de don Juan Luis. (Portada de "Sucesos") |
Al comparar estas fotografías, el lector podrá apreciar el extraordinario parecido.que existía entre el Presidente de Chile y el caballero italiano don César Frigerio. Lo más curioso de este caso es que ambos nacieron el mismo día del mismo año.
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Excmo. señor don Juan Luis Sanfuentes, Presidente de la República. 1915-1920. |
Don César Frigerio, propietario de la Papelería "El Arca de Noé". |
Entre muchas de las anécdotas provocadas por la semejanza de estos personajes, es digna de recordarse la que ocurrió en el viejo Teatro Santiago una noche en que debía celebrarse un festival presidido por el Excmo. señor Sanfuentes. Como el tiempo transcurría y don Juan Luis no llegaba, el público empezó a manifestar su impaciencia golpeando el piso con los pies. Mas el bullicio cesó cuando el Orfeón de la Policía rompió con los electrizantes acordes del Himno Nacional. El público se puso de pie.. ., pero el personaje que había entrado en el teatro era don César Frigerio, quien supo desempeñar su "papel" con toda dignidad.
El señor Frigerio explotó habilidosamente su parecido con el Primer Mandatario. Obsérvese cómo al hacerse tomar la fotografía tuvo la precaución de ponerse una corbata igual a la que llevaba el señor Sanfuentes.
Don César hizo imprimir la suya en forma de tarjetas postales, las que fueron profusamente distribuidas entre su clientela.
Si un hecho semejante hubiera ocurrido en nuestros días, seguramente el sosías del Presidente de la República, con la agravante de ser extranjero, habría sido juzgado por la Ley de Defensa Permanente de la Democracia y puesto de patitas al otro lado de la frontera. Los "dobles" tienen éxito solamente en las películas y en las dictaduras: a Hitler y a Stalin les fueron indispensables.
Don Juan Luis Sanfuentes fue el último Presidente de la vapuleada oligarquía chilena y, también, el gobernante menos "papelero", pese a su papelero "doble", en los últimos cuarenta años.
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Reverso de la tarjeta. |
Dejó el dólar a $ 2,50; hoy se cotiza a $ 360.-
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LA DEMAGOGIA Y LA SERPIENTE |
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El cuerpo: ¡No comprendo, oh cabeza, por qué siendo tanto más pequeña que yo deba someterme a tu directiva! Desde hoy seré yo quien imprima rumbos; tú pasarás a ser la punta de mi cola |
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Atraído por el calor de una fogata, el cuerpo se arrastró en esa dirección. Fue inútil que la cabeza le advirtiera el peligro y la serpiente se achicharró. |

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Moraleja:
"Los que sabían todo no pueden hacer nada y los que no entienden nada lo deciden todo".- Jorge Santayana. |
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