La prensa bonaerense se había ocupado del Presidente de Chile en
términos despectivos e irrespetuosos, y el senador don Darío
Sánchez Massenlli, ofendido en su patriotismo, pronunció en el
Senado un violento discurso en contra del Primer Mandatario argentino.
Era presidente del Senado don Elías Balmaceda y su reelección
dependía del voto de don Darío. Suspendida la sesión,
todos los senadores abordaron a don Elías, reprochándole que no
lo hubiera llamado al orden y lamentando el incidente que originaría una
reclamación diplomática.
Don Elías se limitó a llamar a Antonio Orrego Barros, jefe de
redacción del Senado y redactor de sesiones, y le dijo:
- De todo esto, nada a la prensa ni al Boletín de Sesiones.
Era para Orrego un serio compromiso: ¿Qué poner en boca de don
Darío? Se le ocurrió inventarle un discurso sobre la
situación económica, y manos a la obra. Como las ideas
económicas de don Darío eran muy originales, todas resumidas
movían a risa.
Mientras Orrego lo confeccionaba fue abordado por el encargado de negocios de
la República Argentina, señor Parravicini, quien le pidió
el discurso de don Darío. Orrego le dijo que estaba redactándolo
y le ofreció enviarle una copia, sin especificar el tema.
Luego recibió un llamado telefónico del Ministro de Relaciones,
don Agustín Edwards, quien le pidió nerviosamente el discutido
discurso.
Al llevárselo, le fue negada a Orrego la entrada en la sala del
ministro; pero, desoyendo la orden, entró. Estaba con don Agustín
el diplomático argentino. Puede suponerse la cara del canciller al
oír a éste decirle:
- Aquí traen el discurso.
Antonio Orrego se limitó a llamar la atención del ministro sobre
el título: "La Cuestión Económica". Una mirada de
inteligencia entre ambos, una rápida ojeada y:
-¿Esto es todo?
Fue el epílogo de ese incidente.
El ministro le pasó el discurso al señor Parravicini con una
expresión de enorme complacencia, y ante la desorientación del
Encargado de Negocios, se limitó a decirle:
- Gracias a Dios que sólo ha sido una mala información; tal vez
fue una conversación en los pasillos del Congreso.
Al día siguiente se publicó en la prensa e incluyó en el
Boletín de Sesiones el discurso que Orrego Barros le colgó a don
Darío sobre la cuestión económica. El señor
Sánchez Massenili, indignado, preguntaba a los senadores:
-¿Esto fue lo que yo dije ayer?Sus colegas se excusaban, y él exclamaba:
-¡O todos están locos, o yo estoy loco!
¡Es de imaginar la que se habría armado si en nuestros días le
hubieran "trasmutado" al senador Isauro Torres el discurso en que atacaba al
Presidente Perón y su régimen "justicialista"!
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