El tiempo ha barrido con los "tipos populares", y yo me vi obligado, al fundar
"Topaze", a crear a "Juan Verdejo Larraín", personaje simbólico;
como Gustavo Campaña, después, a "Don Gervasio" y Anita
González a "La Desideria".
En la añorada época en que dibujaba para "Corre Vuela"
existían tipos populares de carne y huesos tan corpóreos como "El
Incandescente" y "El Cojo Zamorano", "Don Pedro Pablo Alvarez", "Don Benito el
Barquillero". "El Huaso Lillo", etc. "El Incandescente" y "El Cojo Zamorano",
los más populares de todos ellos, eran personajes estáticos. El
primero permanecía durante todo el día parado en la esquina de
Estado con Huérfanos, enfundado en una vieja levita y luciendo un no
menos viejo sombrero de copa.
Como en aquella época la luz más potente era la producida por las
lámparas incandescentes, su rubicunda faz, su levita lustrosa y el
brillante "colero" que parecía estar incrustado en su cabeza, le
prestaban a su figura un halo rutilante que dio origen al sobrenombre de "El
Incandescente".
No había revista teatral en que no apareciera caracterizado por
algún actor, y los caricaturistas lo usábamos para colgarle toda
clase de cuentos y comentarios de la actualidad política y social. Su
locura parecía inofensiva, pero un miércoles, día en que
salía el "Corre Vuela", se enteró de que yo era el autor de un
"mono" que no le agradó, y perdiendo su habitual inmovilidad me
persiguió en pleno centro, enarbolando el bastón con que
completaba su elegancia fin de siglo.
En otra ocasión sorprendió a todo Santiago, nada menos que con un
aeroplano de su invención. Había hecho construir una rampa en la
elipse del Parque Cousiño, desde donde, en presencia de miles de
espectadores, se deslizó, enfundado en su famosa levita y con su no
menos famoso "colero", en un automóvil al que había adosado un
par de alas de tocuyo. De más está decir que tan estrafalaria
"máquina voladora" no se elevó ni un centímetro del suelo,
y que al llegar al plano horizontal se aparragó, quedando "echada" cual
vulgar gallina clueca.

Algunos años más tarde, con motivo de su muerte, "Sucesos" me
encargó la información de sus funerales. Como jamás se le
había visto sin el "colero" y la Parca había quitado el lustre de
su brillosa faz, me fue difícil reconocerlo. Su "incandescencia"
desapareció junto con la aparición de la luz eléctrica.
Alguien colocó sobre el féretro su clásico sombrero de
copa, como a los bomberos y militares fallecidos se les ponía el casco o
el quepis. Lo que estábamos enterrando era el símbolo de una
época. . .
"El Cojo Zamorano", cuya inmovilidad y "mote" se justificaban por haber perdido
la pierna izquierda, reemplazada por una descomunal pata de palo había
perdido también el brazo derecho, era el decano de los suplementeros de
Santiago. Durante más de cincuenta años administró su
puesto de diarios y revistas, ubicado en la calle Estado a la salida del Portal
Fernández Concha.
Los "futres" (palabra que hoy ha sido substituida por "pitucos") acudían
a él cuando necesitaban un préstamo en dinero. Los más
"empingorotados" personajes eran sus clientes, que gustaban oír de sus
labios las "bolas" del momento (hoy "copuchas").
Todas las noches llegaba un "fiacre" a recogerlo, conduciéndolo a su
domicilio junto con el sobrante de los periódicos. A su muerte,
dejó una envidiable fortunita; pero su "puesto" no tuvo sucesor.
Al ser retirado el cajón que le servía de mostrador, pude
comprobar la existencia de un profundo agujero en la acera. Era el efecto del
roce de su pata de palo durante más de medio siglo.
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