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El "colero" del "Incandescente" y la pata de palo de "El Cojo Zamorano

XXVIII

El tiempo ha barrido con los "tipos populares", y yo me vi obligado, al fundar "Topaze", a crear a "Juan Verdejo Larraín", personaje simbólico; como Gustavo Campaña, después, a "Don Gervasio" y Anita González a "La Desideria".
En la añorada época en que dibujaba para "Corre Vuela" existían tipos populares de carne y huesos tan corpóreos como "El Incandescente" y "El Cojo Zamorano", "Don Pedro Pablo Alvarez", "Don Benito el Barquillero". "El Huaso Lillo", etc. "El Incandescente" y "El Cojo Zamorano", los más populares de todos ellos, eran personajes estáticos. El primero permanecía durante todo el día parado en la esquina de Estado con Huérfanos, enfundado en una vieja levita y luciendo un no menos viejo sombrero de copa.
Como en aquella época la luz más potente era la producida por las lámparas incandescentes, su rubicunda faz, su levita lustrosa y el brillante "colero" que parecía estar incrustado en su cabeza, le prestaban a su figura un halo rutilante que dio origen al sobrenombre de "El Incandescente".
No había revista teatral en que no apareciera caracterizado por algún actor, y los caricaturistas lo usábamos para colgarle toda clase de cuentos y comentarios de la actualidad política y social. Su locura parecía inofensiva, pero un miércoles, día en que salía el "Corre Vuela", se enteró de que yo era el autor de un "mono" que no le agradó, y perdiendo su habitual inmovilidad me persiguió en pleno centro, enarbolando el bastón con que completaba su elegancia fin de siglo.
En otra ocasión sorprendió a todo Santiago, nada menos que con un aeroplano de su invención. Había hecho construir una rampa en la elipse del Parque Cousiño, desde donde, en presencia de miles de espectadores, se deslizó, enfundado en su famosa levita y con su no menos famoso "colero", en un automóvil al que había adosado un par de alas de tocuyo. De más está decir que tan estrafalaria "máquina voladora" no se elevó ni un centímetro del suelo, y que al llegar al plano horizontal se aparragó, quedando "echada" cual vulgar gallina clueca.
Algunos años más tarde, con motivo de su muerte, "Sucesos" me encargó la información de sus funerales. Como jamás se le había visto sin el "colero" y la Parca había quitado el lustre de su brillosa faz, me fue difícil reconocerlo. Su "incandescencia" desapareció junto con la aparición de la luz eléctrica. Alguien colocó sobre el féretro su clásico sombrero de copa, como a los bomberos y militares fallecidos se les ponía el casco o el quepis. Lo que estábamos enterrando era el símbolo de una época. . .
"El Cojo Zamorano", cuya inmovilidad y "mote" se justificaban por haber perdido la pierna izquierda, reemplazada por una descomunal pata de palo había perdido también el brazo derecho, era el decano de los suplementeros de Santiago. Durante más de cincuenta años administró su puesto de diarios y revistas, ubicado en la calle Estado a la salida del Portal Fernández Concha.
Los "futres" (palabra que hoy ha sido substituida por "pitucos") acudían a él cuando necesitaban un préstamo en dinero. Los más "empingorotados" personajes eran sus clientes, que gustaban oír de sus labios las "bolas" del momento (hoy "copuchas").
Todas las noches llegaba un "fiacre" a recogerlo, conduciéndolo a su domicilio junto con el sobrante de los periódicos. A su muerte, dejó una envidiable fortunita; pero su "puesto" no tuvo sucesor.
Al ser retirado el cajón que le servía de mostrador, pude comprobar la existencia de un profundo agujero en la acera. Era el efecto del roce de su pata de palo durante más de medio siglo.