Era entonces Presidente de Chile un caballero muy tranquilo y de avanzada edad,
a quien los caricaturistas casi siempre dibujábamos durmiendo un
sueño apacible, ya que era partidario de que las cosas se arreglaran
solas; porque él decía: "Cuando los problemas tienen
solución, se solucionan solos; cuando no la tienen, lo mejor es dejarlos
dormir".
¡Qué teoría tan diferente a la de sus sucesores, que crean
problemas y madrugan para complicarlos! Si hubieran continuado aplicando la
fórmula de su predecesor, estoy seguro de que no seríamos ahora
víctimas de la inflación, resultante de infinidad de problemas
prefabricados.
Aunque poco le gustaba a S. E. que le recordaran su providencial escapada
durante el hundimiento del "Blanco", más de una vez lo dibujé
sumergido en el proceloso mar de la política, tratando de salvarse
aferrado al rabo de una ternera. Generalmente el naufragio del Gabinete lo
producía don Juan Luis Sanfuentes, quien, por sortilegio de su
insuperable macuquería política, transformábase en el
momento crítico en la ternera salvadora.
Por respeto a tan eminentes personajes, no me atreví a mostrar en mi
dibujo en qué parte de la ternera metía el náufrago una de
sus manos, como dicen que procedió durante el trágico episodio
del "Blanco". . . Sabido es que los vacunos se ahogan por atrás.Recuerdo
su figura con cariño, tal vez por haber sido la primera víctima
presidencial de mi lápiz; y en una ocasión difícil, muchos
años después, como verá el lector más adelante, fui
a su sepultura en busca de inspiración.
Su nombre ha sido perpetuado en las "fuentes de soda", donde los hambrientos
parroquianos solicitan "un Barros Luco", el apetitoso y suculento
sándwich de queso con ternera. . .
* * *
La personalidad del Primer Mandatario ha ejercido, como los bueyes en la
agricultura, una influencia misteriosa en el resto de sus conciudadanos. De su
temperamento depende la idiosincrasia del país durante el lapso de su
mandato.
De aquí que sea más importante de lo que se cree la
elección del "tambor mayor" que con la guaripola del "Poder Ejecutivo"
vendrá a marcar el ritmo del regimiento formado por seis millones de
chilenos. Es él quien, a través de su "banda", nos
conducirá, ya al ritmo de una marcha triunfal, ya con el frívolo
de un boogie woogie, o tal vez con la solemne cadencia de una marcha
fúnebre.
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