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La muerte de don Nilo inspiró mi primer dibujo

XVI

Los Gallo eran nuestros vecinos, y don Nilo, jefe de esa familia, era un caballero muy amable y distinguido. Siempre que pasaba a su lado tenía un gesto cordial para mí y hasta solía obsequiarme alguna golosina.
Yo sentía una especial simpatía por él y lo llamaba el "caballero bueno". Pero, repentinamente, la popular figura de don Nilo dejó de verse. Había caído gravemente enfermo, según me informé por mis hermanas mayores, amigas de las Galio. Una tarde, la puerta principal de su casa fue entornada y mis hermanas dejaron de tocar el piano. Al día siguiente un coche de extraña apariencia, adornado con plumeros negros, se detuvo frente a la casa del "caballero bueno".
Varios coches "americanos" llegaron a formar una larga fila detrás del carruaje de los plumeros, que parecía haberse transformado en locomotora. El alto sombrero de copa del cochero semejaba la chimenea. Muchos caballeros de levita y "colero" entraban en la casa de los Gallo.

En aquellos tiempos, los caballeros en las ceremonias sociales acostumbraban usar chaqué o levita y sombrero de copa. Estos adminículos han ido a parar a las guardarropías de la "Casa Util". Allí están en arriendo junto con otros disfraces.
Por primera vez en mi vida observaba la mise en scéne de la muerte, y pregunté a mi mama Aurelia qué significaba ese coche tan raro.
- Esa es la carroza en que se van a llevar a don Nilo.
-¿A dónde se lo van a llevar?
- Al cementerio. ¿No sabe que se murió?
-¿Qué es el cementerio?
- Es un jardín muy grande donde entierran a los muertos.
-¿A los muertos los siembran entonces en la tierra de ese jardín para que den flores?
En ese momento se abrió la puerta de par en par y unos hombres con gorras negras empezaron a sacar coronas.
-¿Los muertos dan flores antes de que los siembren?
- Ya no lo vamos a ver más - dijo con voz entrecortada la mama Aurelia. ¡Y tan bueno que era el caballero!
-¿No lo podremos ir a ver al jardín grande?
- No, porque ya lo metieron en el cajón.
-¿Y por qué no se lo llevan en un saco?
- Papá, ataviado también de levita y "colero", se sumó a los otros acompañantes enlutados.
-¿Mi papá también se va a morir?
- Todos nos vamos a morir, Jorgecito.
-¿Yo también?
- También, mi hijito, pero Dios me lo guarde por muchos años.
-¿Y también me van a llevar en un cajón?
Varios compungidos señores salieron de la casa mortuoria cargando un largo cajón, muy bien barnizado, que introdujeron en el "fogón de la locomotora". Después, todos al mismo tiempo, se sacaron el "colero", se lo volvieron a poner y subieron a los coches. El "tren" se puso lentamente en movimiento. Ya no vería más al "caballero bueno".
La idea de la muerte me causó una profunda impresión. Durante semanas mi tema favorito de conversación giró sobre el entierro de don Nilo. Desde entonces, y por largo tiempo, me dio por dibujar en las márgenes de "El Mercurio" la carroza con sus plumeros y coronas, seguida de una interminable fila de "americanos".
El "caballero bueno" me había dado su postrer regalo: una útil lección. Gracias a él supe que yo también "tenía" que morir.
Otra impresión que años después conmovió mi espíritu, sumiéndolo en intensa perplejidad, fue la que sufrí al enterarme de que había mujeres que alquilaban su cuerpo, de acuerdo con un tarifado sujeto a la implacable ley de la oferta y la demanda.
Después comprendí que la prostitución es "la bolsa negra" del amor.