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¿El tiempo es líquido?

VIII

Muchos años después tuve la curiosidad de visitar aquella casa que cobijó mi niñez. Al entrar sufrí la extraña impresión de que se había "encogido". Las que yo creía interminables galerías me padecieron, ahora, estrechos pasadizos, y las enormes habitaciones habíanse reducido, por sortilegio del tiempo, a la mitad de su tamaño. Me pareció, asimismo, que el tiempo había sido más extenso cuando vivía en esa casona. Los meses escolares eran largos como los años de ahora, que a su vez resultan cortos como los meses de entonces.
El dinero también había sufrido una transformación semejante. Los pesos de aquella época duraban más tiempo en el bolsillo. Los de hoy se van con más velocidad que las "fichas" de antaño . ¿Será que la inflación empezó a manifestarse en ese abstracto campo que llamamos "tiempo"? ¿O es que los relojes, esos inexorables taxímetros de Cronos, se han puesto simultáneamente de acuerdo para caminar en forma más acelerada? Sería interesante investigar si los niños de hoy sienten el tiempo más denso que nosotros los niños de antes de ayer. Porque si el tiempo tiene densidad, resultaría ser materia: una materia líquida en que flota la vida.
Supongamos que nuestra vida es una tina de baño llena de agua. Al nacer abrimos la llave del desaguadero. El nivel empieza a, bajar lentamente, en forma apenas perceptible. A pesar de que el volumen de líquido expelido es constante, cuando queda poca cantidad en la bañera, vemos que el nivel baja más rápidamente.
De igual manera, a medida que se nos va vaciando el tiempo que ha llenado nuestra tina, notamos con qué desesperante aceleración baja el nivel del "agua-tiempo", hasta dejarnos completamente secos. Es en ese instante cuando se nos coloca en una tina de madera, porque para nosotros ya no hay más líquido.