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Bautizo en La Moneda. Erupción de gases, agua y lava

V


Mis padres decidieron ponerme el nombre del que sería mi padrino, el almirante don Jorge Montt, que regía, en esa época, los destinos de Chile, cuya esposa era hermana de mi madre.
En el tercer piso del vetusto Palacio de Toesca estaba la Capilla. Los parientes y algunos amigos, entre los que se contaban varios hombres públicos, esperaban la llegada de una criatura a la que habría sido inútil darle consejos de buen comportamiento. El tiempo pasaba y los invitados empezaban a manifestar inquietud. ¿Qué habría ocurrido? Un accidente de autos no era posible. Todavía no se habían inventado.
Por fin apareció la encantadora guagua en brazos de su madrina, su tía Leonor Frederick de Montt, esposa del Presidente de la República. Para justificar el atraso explicó que la gorra de la guagua había desaparecido. Venían de trajinar la casa entera. La que el niñito traía puesta era la de la muñeca de su prima Lila. Todos se vieron obligados a celebrar la ocurrencia y el capellán de palacio, señor José Venegas, inició la ceremonia del bautismo.
En el momento más solemne, un ruido intestinal producido por el futuro fundador de "Topaze" fue como el anuncio de la catástrofe que nadie pudo prever. Una verdadera erupción de líquido y lava corrió por los dorados galones del ilustre y presidencial padrino.
Desde ese día, Jorgecito se creyó autorizado para seguir haciendo su gracia con todos los Presidentes de Chile.