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Yo no soy yo

I


- ¿Vas a ir a los funerales de Coke?
- Claro; fuimos tan amigos. ¡Pobre Coke! Dicen que pidió que le pusieran un lápiz y un bloc de dibujo en el cajón.
- Hazme el favor de depositar mi tarjeta en el cementerio. Se me vence una letra y no podré acompañarlo. . .
- Con ésta son siete las tarjetas que me han encargado.
Yo escuchaba con bastante claridad este diálogo de mis dos amigos, pero estaba seguro de que era víctima de una pesadilla. Después, como si hubiera sido tomado por la corriente de un río, me sentí arrastrado magnéticamente al Cementerio General. La carroza con las iniciales J.D.F. se detuvo frente a la "ancha puerta que invita al mudo pasajero a avanzar". Mis deudos, sinceramente atribulados, hicieron rodar hacia afuera mi cajón, y lo colocaron en uno de esos carricoches semejantes a los que hay en las estaciones para acarrear el equipaje.
El cortejo tomó la senda de la derecha, y al pasar por el lado de la estatua de Adán, leí una vez más la inscripción acusatoria: "Por mi culpa reina aquí la muerte". . . ¡Qué idea tan errada tienen los vivos de la muerte!. . . Yo me he convertido en muerto con la misma facilidad con que al salir de Chile me había convertido en extranjero; y, sin embargo, continuaba siendo tan chileno como el día anterior de mi partida; ¡y ahora estoy tan vivo como el día antes de morir! ¿Mueren las nubes cuando el frío las condensa y caen a la tierra en forma de lluvia?
Como no dispongo de un mausoleo, me depositaron frente a un nicho recién desalojado. El recinto a que me han traído es como un edificio de departamentos, de esos en que los vivos creen vivir, pero con la ventaja, éste, de que nadie tiene radio. ¡No más "Lacón" ni "Cryogénine Lumiére"! Esto me dio la esperanza de descansar en paz. Allí se nos despoja de la "ropa", pues sus materiales deben ser devueltos inmediatamente al laboratorio, que redistribuye sus componentes, con el objeto de vestir a los que están haciendo cola para vivir. Muchos hay que sienten tal apego por sus ochenta o más kilos de calcio, fósforo, etc., que se hacen embalsamar para no devolver al Creador los ingredientes que les prestó mientras anduvieran vestidos de carne.
Antes de que me introdujesen definitivamente en mi habitación, Oscar Fuenzalida, el brillante director de la revista "Zig-Zag", fue el primero en abrirse paso entre mis acompañantes. Sinceramente conmovido - y esto me consta porque donde yo estoy las emociones no pueden engañar, pronunció este enternecedor discurso, que vino a confirmarme el dicho que asegura que "no hay muerto malo":


"El periodismo nacional está de duelo: ha dejado de convivir junto a los hombres que practicamos la ingrata tarea de cultivarnos para la colectividad el más devoto, el más sabio y el más alegre de nuestros compañeros.
Su vida fue un ejemplo de constante laboriosidad y supo hacer la jornada desparramando, como un nabab de leyenda, los preciados tesoros de su humorismo sano y bien intencionado en sus maravillosas caricaturas, en que tomaba el pulso de la política chilena, la orientaba y, valiéndose de la crítica colocaba a los hombres que se preocupan del arte de gobernar en los sitios precisos a que tenían derecho por sus méritos, sin olvidar sus defectos.
Coke deja un ejemplo edificante en el periodismo de Chile. Su obra se prolongará a través del tiempo y más allá del olvido, porque supo poner siempre en sus dibujos satíricos el alma de un hombre de bien, que sólo ejercía la crítica con fines levantados, con patriotismo, con honestidad.
Siendo un muchacho, cuando cursaba humanidades en el Instituto Nacional, llegó a la Empresa Zig-Zag, y sus primeras colaboraciones se publicaron en la revista "Corre Vuela".
Después el embrujo del periodismo lo envolvió en sus redes.
Y desde entonces su vida tuvo el horizonte azul de los visionarios, de los idealistas, de quienes en las salas de redacción olvidan las penurias de la propia existencia para vivir pendientes de encauzar, por medio del artículo, la información o la caricatura, el progreso de la República y el bienestar de sus habitantes.
La revista "Zig-Zag" tuvo el honor de contar entre sus colaboradores más eficientes a Jorge Délano (Coke). Fueron muchos años de estrecha camaradería los que este dibujante convivió con nosotros en el semanario más antiguo del habla castellana, y fueron muchas también las campañas políticas en que una caricatura de Coke rubricó el éxito de las buenas causas sin dejar resquemores ni heridas profundas.
Es que en la nobleza de su alma no había refugio para pasiones ni inconsecuencias. Luchó siempre con armas limpias y con la visera levantada. Y así como supo luchar con tenacidad y triunfar con gloria, supo también olvidar pequeñeces y ataques arteros.
Coke vivió diáfanamente, regocijadamente. Supo de las satisfacciones del triunfo e ignoró, intencionadamente, las penurias que nunca faltan en el existir de los hombres de selección.
No limitó a la palabra escrita ni al dibujo intencionado su actividad cread o r a. Cuando un arte nuevo e intrigante surgió, supo también combinar sombras en el celuloide y establecer los pilares del cine chileno. Sin grandes recursos materiales, hizo grandes películas a base de ingenio y talento.
Su calidad humana y periodística fue reconocida. El Premio Moors Cabot, que distingue a los hombres de prensa más destacados de nuestro continente, le fue otorgado como homenaje a la genialidad de su pluma de caricaturista. Para nosotros, para los periodistas, para sus compañeros de la revista "Zig-Zag", su ejemplo es de proyecciones cristalinas. En todas sus actividades dejó el sello inconfundible de los hombres íntegros.
Ante sus restos asociamos su nombre a una muda oración al Altísimo y agradecemos sinceramente a la vida el que nos haya deparado la dicha inefable de haberlo tratado, de haber sido sus amigos y haber podido aquilatar su talento y bondad.
Coke ha hecho su última caricatura: a la Muerte. Y la ha dibujado como hizo todas las demás: con dignidad, con señorío, con inteligencia y con amor.
En nombre de los que fuimos y seguimos siendo sus compañeros del periodismo; en nombre de la revista "Zig-Zag" y de la Empresa que la edita, despedimos hoy al amigo dilecto, mientras en el alma, dulcemente, se reclina el recuerdo."
(Discurso escrito efectivamente por el Director de "Zig-Zag", don Oscar Fuenzalida.)


¡El Premio Cabot! Grande había sido mi felicidad cuando recibí el cablegrama firmado por el Decano de la Universidad de Columbia, Mr. Carl Ackerman, participándome tan honrosa distinción. Solemne fue la inolvidable ceremonia efectuada en la Rotonda de la prestigiosa Universidad. Por primera vez la medalla era colgada al pecho de dos caricaturistas: en el de Arias Bernal, de México, y en el mío.
Los caricaturistas de Nueva York tenían preparada una fiesta en nuestro honor, y como se me había advertido que debería pronunciar un discurso, lo escribí en castellano y lo hice traducir al inglés. Lo más granado del gremio de "pintamonos", allá se llaman cartoonists, se había dado cita en un magnífico club de Nueva York.
Pero como los caricaturistas del mundo constituimos una sola familia, respetable familia que nada toma en serio, empezaron luego las bromas y los brindis. A la altura de mi séptimo whisky me colocaron frente a un micrófono. El maestro de ceremonias anunció que uno de los hombres más festivos de Chile iba a hacer uso de la palabra. Comprendiendo que el discurso que llevaba preparado no estaba a tono con el bullanguero ambiente, me puse a improvisar en inglés. No tengo la menor idea de lo que dije, pero mi mujer, que no sé si también estaría "intoxicada", fue una de las personas que más me aplaudieron.

Mr. Grayson L. Kirk, rector de la Universidad de Columbia, en el momento de entregarme el diploma.

He aquí el discurso que no leí y que puede ser de interés para los aficionados al arte de la caricatura, que, a pesar de su antigüedad, bien pocos son los que se han preocupado de estudiar su historia.

"Breve Historia de la Caricatura"
Es creencia general que el arte de la caricatura es de tan reciente data como el invento de la imprenta, que cuenta apenas con cinco siglos de existencia. Grande será, pues, la sorpresa de los que así piensan al saber que en Egipto, durante las dinastías XX y XXII, hubo caricaturistas cuyas producciones, primorosamente pintadas en papiro, nos muestran escenas en que se satiriza la vida social y política de los antecesores de Faruk.

Los antecesores del Gato Félix y Mickey Mouse fueron dibujados en papiro tres mil años antes de que Walt Disney les diera vida en celuloide.

Parece que nuestros, colegas egipcios fueron los primeros en concebir la idea de humanizar a los animales. En todo caso, nos legaron innumerables escenas cómicas en que cocodrilos, monos, gatos y ratones aparecen comportándose como seres humanos, lo que nos permite suponer que en aquella época los hombres ya solían conducirse como seres irracionales. Uno de los papiros más notables de este género es aquel que se conserva en el Museo de El Cairo. Con exquisito humor, el caricaturista nos muestra a la Reina de los Ratones reverentemente servida por el Rey de los Gatos y su corte. Resulta curioso pensar que estos dibujos fueron hechos tres mil años antes de que Walt Disney diera a luz su Mickey Mouse y que el Gato Félix debutara en Hollywood.

Posón, famoso caricaturista griego, es increpado por Sócrates y Aristóteles.

Si damos otro brinco en el tiempo y nos posamos en el siglo III antes de Cristo, no dejará de sorprendernos el saber que en Grecia, el gran Aristóteles, demostrando un precario sentido filosófico, increpó duramente a Posón, el más popular de los caricaturistas griegos, "por representar a los hombres peores de lo que son".
Y Aristófanes, olvidando ser el padre de la comedia satírica, evidenció carecer de sense of humour al arremeter también contra el mismo caricaturista, poniendo en boca de los coros de su obra "Los Acarnienses " la siguiente frase: "No volverás a ser juguete del infame Posón". ¡Pobre Posón, demasiado agudas debieron ser sus caricaturas si los mas brillantes cerebros contemporáneos desataron sobre él sus iras!
Pero los eternamente indiscretos caricaturistas no se limitaron a satirizar a los hombres, y hubo algunos que osaron fisgonear por el ojo de la cerradura del Olimpo. Todavía se conserva una vasija de barro decorada con una caricatura en que reconocemos nada menos que a Júpiter haciéndole el amor a Alcmena. ¡Ni la vida privada de los dioses ,se les escapaba a los precursores de Low y Peter Arno!
Entre los primitivos cristianos no faltaron los caricaturistas, cuyas obras perduran en las catacumbas romanas. En estos dibujos, de trazos vacilantes, se satiriza a los paganos y a sus dioses, con el fin de exterminar las creencias politeístas.
Si continuamos nuestro viaje retrospectivo y darnos un vistazo a la lóbrega Edad Media, podremos apreciar la gravedad de su neurosis a través de las caricaturescas representaciones del demonio, de la muerte y de los pecados capitales, cincelados en piedra y grabados en madera.
Un psicoanalista de la historia que se propusiera buscar en el alma de las gárgolas, esas tan grotescas como sugerentes figuras que decoran la Iglesia de Nuestra Señora de París, podría desentrañar el subconsciente de esa época torturada por el complejo de la muerte. El terror a los tormentos del infierno incitaba a los hombres a congraciarse con el jefe supremo y los jerarcas de aquel ardiente campo de concentración, en cuya puerta se ha colocado, con encomiable franqueza, un letrero que advierte al que allí entra la necesidad de abandonar toda esperanza de salir. Por si alguno, en exceso perspicaz y malicioso, pensara que estoy aludiendo a un imperio totalitario y a su jefe, debo aclarar que, mi intención ha sido referirme exclusivamente al infierno y a su regente, Satanás. Cualquiera semejanza con nombres o personas es mera coincidencia.
Pero, volviendo a las gárgolas, ¿cómo descifrar el secreto de estas maravillosas caricaturas, centinelas mudas de la Iglesia de Nuestra Señora? ¿Qué piensan de ese mundo que ellas observan hace siglos desde la cornisa de un templo de Dios? ¿Son acaso verdaderos demonios que han quedado petrificados ante el espectáculo de una nueva Sodoma?
Intentemos averiguarlo; puede ser que alguna de ellas no sea tan discreta como su vieja colega de Egipto y se avenga a revelarnos el secreto que hoy nos preocupa: ¿Cómo nació la caricatura? ¿Quién fue el primer caricaturista?...
Invitemos entonces a uno de nuestros monstruos de piedra a tenderse en su diván como si fuera una moderna dama menopáusica y proceda el discípulo del doctor Freud a invitarlo a divagar y a abrir las compuertas del inconsciente. .. El moderno Edipo no podía fallar; la Esfinge gala ha comenzado a hablar... Tomemos nota de sus palabras, por disparatadas que nos parezcan:
"En el momento en que Jehová decidió crear al hombre a su imagen y semejanza, fue creada también la caricatura. Ya sabemos con qué rapidez y entusiasmo estos microscópicos seres que se creen dioses, se multiplicaron y poblaron el mundo. ¿Cómo hacerlos comprender que para
Júpiter y Alcmena espiados por el ojo de la llave de la puerta del Olimpo, ser dioses deben empezar por renunciar a ser hombres? Desde nuestro observatorio los vemos caminar atolondradamente, como hormigas locas, sin saber ni tratar de comprender de dónde vienen y a dónde van. .."

Una gárgola de Nuestra Señora de París es psicoanalizada.

Y la gárgola terminó su extravagante disertación asegurando al médico que desde el principio hasta el fin de los tiempos habría caricaturistas en el mundo, "porque la vida es un asunto demasiado serio para ser tomada en serio".